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La guerra no cambia sola

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19.08.2026

HACE dos semanas defendía en estas mismas páginas que la guerra está cambiando más deprisa que el Derecho. Drones autónomos, inteligencia artificial, sistemas de armas capaces de seleccionar objetivos apenas sin intervención humana -y nuevas formas de combate- ponen a prueba un Derecho Internacional Humanitario concebido para una realidad muy distinta. Con el tiempo, sin embargo, he llegado a la conclusión de que aquella reflexión se quedaba incompleta.

Y es que no solamente está cambiando la guerra. En realidad. es el propio mundo sobre el que ese Derecho fue construido el que está cambiando. Durante décadas nos acostumbramos a pensar que las grandes transformaciones históricas llegaban por separado. La economía evolucionaba y la política reaccionaba. La tecnología abría nuevos caminos. Hoy, sin embargo, todos esos cambios nos los están poniendo simultáneamente. La revolución demográfica, la tecnológica, la económica y la geopolítica avanzan a la vez y dibujan un escenario muy diferente al que conocimos durante la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI. Y claro, nos da la impresión de estar inmersos en pleno caos.

El orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial no fue fruto del azar. Fue una construcción política consciente. Naciones Unidas, Bretton Woods, el GATT, la posterior Organización Mundial del Comercio, la libertad de navegación y un complejo entramado de alianzas estratégicas hicieron posible un periodo de crecimiento económico y estabilidad internacional desconocido hasta entonces. No era, sin duda, un mundo perfecto. Hubo guerras, dictaduras, genocidios y gravísimas violaciones de los derechos humanos. Pero incluso esos conflictos se desarrollaban dentro de unas pautas relativamente previsibles. Existían reglas comunes, instituciones internacionales y un cierto consenso sobre la conveniencia de mantener un marco........

© Deia