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De la bodega al mercado de barrio: ¿qué cambia para el cubano?

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30.09.2026

LA HABANA.- En general, el término bodega designa instalaciones destinadas al almacenamiento de mercancías. En Europa y otras partes del mundo, quizás lo primero que venga a la mente sea una bodega de vinos: un sótano acondicionado para conservarlos. También puede referirse al espacio de carga de un navío. En Cuba, en cambio, basta decir “bodega” para pensar en ese sitio donde, desde la época colonial hasta no hace tanto, comprábamos víveres.

Los más ancianos seguramente evocarán la época dorada de aquellas singulares tiendas de esquina, muchas propiedad de españoles y, en ocasiones, de chinos. Hasta 1958, el cliente podía adquirir —a libre demanda y bien pesados, ojo— café, tocino, arroz, granos, harina de maíz, aceite de oliva y otros comestibles de uso cotidiano. Además de llevarse la “contra” de sal y azúcar como regalo por su compra, podía admirar y, cómo no, paladear distintas variedades de quesos, jamones, chorizos y otros embutidos, acompañados de pan o galletas de calidad. Para beber, había sodas de diferentes sabores y marcas, buenos vinos, cerveza, coñac y otros licores, a elección.

Frijoles negros y colorados, judías, chícharos, garbanzos, lentejas, bacalao, salchichas, aceitunas,........

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