Lo de los nacionalismos
1- Argentina, el laboratorio de la Humanidad del siglo XXI, está tocando fondo. El punto del planeta en el que se experimenta con la reducción del Estado del 45 a su mínima expresión –su mínima expresión no era el Leviatán más básico, era el Leviatán más básico haciendo negocietes para sus gestores–, la gestión económica emitida, un despropósito, está culminando como culminan los despropósitos: cierres de empresas y comercios, reducción drástica de ingesta de alimentos –en ocasiones, quedan reducidas a una sola ingesta al día; se dice rápido–, reducción, sin precedentes, del consumo de carne en el país del consumo de carne, aumento del suicidio en pensionistas, de pronto desprovistos de todo poder adquisitivo. En 2025 Trump salvó la situación –y posibilitó una improbable victoria electoral de Milei– al facilitar al Gobierno argentino una línea de financiación de 20.000M$, y el pago al FMI de, zas, un recibo atrasado de 872M$. Lo que es una ayuda insostenible, antieconómica, propagandística. Aparte del pago de deuda, se desconoce, por otra parte, a dónde ha ido a parar tanta pasta. La nueva extrema derecha, en ese sentido, es burda, al punto de convertir a Zaplana en un autor lírico. La nueva extrema derecha no se esfuerza en crear rodeos. Es literal. Como todos los autoritarismos, miente poco. Los autoritarismos y las mafias, en fin, nunca suelen mentir. ¿Para qué? En todo caso, ahora, con la situación política, económica y social absolutamente degradada, Milei, apurando el vaso, se ha sacado un as de la manga. No es novedoso, no es nuevo. Pero es un clásico. Y, en tanto que clásico, es un fondo de armario que siempre funciona. El nacionalismo. Milei ha abierto, solemnemente, otro capítulo y velocidad en la reivindicación de las Malvinas. La novedad es que cuenta, al respecto, con el apoyo, por ahora, de Trump y de Israel. EEUU, en esta emisión, no va a mantener la neutralidad ante dos Estados, en principio, aliados. Tampoco está claro que ello conduzca a nada, salvo a fuegos artificiales, salvo a sustituir la percepción de una política económica y social salvaje, por una vivencia colectiva épica y eléctrica, comunitarista, de la nación. El nacionalismo es, en fin, un gran negocio que apenas requiere inversión. Y, por ello mismo, es lo que Samuel Johnson definió como “el último refugio de un canalla”. El barranco al que se dirige el trumpismo y, con él, el pack soberanista de la nueva extrema derecha, presagia que ese refugio para canallas no va a parar de crecer, ampliarse, matizarse, durante un periodo. Socorro.
2- Lo mejor del nacionalismo no es el enfrentamiento con lo extranjero, sino lo que eso esconde: la depuración de la sociedad emisora de nacionalismo. Es, vamos, el poder de expulsar de la sociedad a cuantos miembros se desee. Las expulsiones suceden, además, con facilidad, pues los expulsados son molestos, no encajan, no son como nosotros, etc. Esta semana, en ese sentido, la Sala III del TS –por el pack contencioso administrativo, vamos– ha hecho algo sumamente grave, sin precedentes salvo en la Europa de los treinta y cuarenta: ha privado a un colectivo concreto de ciudadanos de su derecho al voto pasivo y activo, aka de su derecho al voto. Así como suena. Lo que supone algo sumamente singular y escandaloso, incluso en el contexto de la justicia española, absolutamente desprestigiada y a la espera de su destino. Su destino, en más o menos tiempo, tras el paso de esta infame turba de nocturnas aves –siempre pasan; nunca se quedan; tranquis–, no será otro que la vergüenza. Veámoslo.
La Sala III del TS ha privado a un colectivo concreto de ciudadanos de su derecho al voto
La Sala III del TS ha privado a un colectivo concreto de ciudadanos de su derecho al voto
3- La ley de nietos / Ley de Memoria Democrática / Ley 20/2022 no era gran cosa. Cosas cursis antes que operativas, antes que nulidad efectiva de condenas y la emisión de reparaciones –no hay una cosa sin la otra; si falta una, es que se trata de un camelo–. Sin anulaciones reales de sentencias, sin reparaciones, con reparaciones simbólicas no se repara nada del pasado, como su nombre indica, sino que ello supone explicar con detalles a la reacción que esta es su casa, que sus........
