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Confucio en Chamberí

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04.08.2026

Conocí China estos días. Un país al que conviene aproximarse con buenos zapatos, un guía con ganas de hablar y desodorante en bote grande para no perder una tarde recorriendo supermercados porque a los chinos no les huele el sobaco y tapar olores es un capricho exótico. Tras mi paso por Beijing la ciudad huele más fuerte, pero a nivel zapatos y guía fue todo bien. Diana, como se hacía llamar cansada de que los españoles no supiéramos pronunciar su nombre, nos explicó los recovecos de la Ciudad Prohibida, los edificios de poder que conforman Tiananmén o las leyendas que encierra el Templo del Cielo como si lo hiciera el mismísimo presidente Xi Jinping. Puro aparato del partido a disposición, en este caso, del turista españolito. Todos los chinos sabemos qué lugar nos corresponde ocupar, nos explicaba orgullosa de la sincronización nacional bajo la batuta del comunismo con características chinas, que es como llaman a que el McDonalds trabaje para China y no China para el McDonalds. Nuestros niños ya estudian IA y nuestros mayores hacen ejercicio en los parques para no saturar la sanidad, iba señalando a izquierda y derecha lo que parecían paisajes urbanos, pero en realidad eran planes perfectamente diseñados a diez años vista. Todo se nos da bastante bien por aquí,........

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