De la ‘casa común europea’ de Gorbachov a la guerra de Ucrania
Es notable que a Mijaíl Gorbachov solo se le haya dedicado un único monumento en Alemania, concretamente en Dessau-Roßlau, una ciudad que cuenta con apenas 80.000 habitantes y que está ubicada en el estado federado de Sajonia-Anhalt. Para los más de 80 millones de alemanes restantes, el antiguo jefe de Estado soviético ha sido invisibilizado y prácticamente ha desaparecido de la memoria colectiva. Sin embargo, fue él quien en su día hizo a Europa, y sobre todo a Alemania, dos regalos de importancia histórica mundial: la reunificación alemana y el fin pacífico de la confrontación entre bloques, la que durante décadas había supuesto el peligro de una guerra nuclear que hubiera devastado el mundo entero. No se puede hacer obsequios más valiosos a una población como la alemana: gracias a él fue posible quitar la espada de Damocles de una destrucción inminente y además superar la división de Alemania durante la Guerra Fría (1945-1989). Por este hecho, Mijaíl Gorbachov merecería un lugar central en la memoria colectiva alemana y europea, y un monumento en cada ciudad importante. Pero nada de eso se ve.
En la década de 1990, la ofrenda hecha por Gorbachov abrió perspectivas insospechadas para un cambio de rumbo a nivel mundial: por fin, así parecía, las naciones de la Tierra podían enterrar el hacha de guerra y abordar conjuntamente los grandes temas del futuro, en particular la superación de la desigualdad y la amenaza de una catástrofe ecológica. La Cumbre Mundial de Río de Janeiro de 1992, que dio lugar a las convenciones de la ONU sobre la protección del clima y la biodiversidad, estaba repleta de estas esperanzas. El desarme masivo, ahora visto como algo factible, liberaría a los presupuestos nacionales de los descomunales gastos militares y crearía espacio para invertir en un cambio socio-ecológico. Al menos, eso parecía.
Pero, al final, los gobiernos occidentales desaprovecharon esta oportunidad y no supieron estimar adecuadamente lo que Gorbachov les había puesto en sus manos. En vez de ello, aprovecharon el colapso de la Unión Soviética, y el consiguiente período de debilidad del país bajo Boris Yeltsin, para ampliar su propia esfera de influencia. Rusia no tenía por qué haberse convertido en el enemigo de Occidente tal como es presentado hoy día. La nueva confrontación entre bloques y la guerra entre Rusia y Ucrania se podrían haber evitado.
Esto no significa que el Gobierno ruso no sea culpable de la invasión de Ucrania, una clara vulneración del Derecho Internacional. Los graves errores de Occidente, de los que se hablará más adelante, no justifican en modo alguno la invasión, que ha causado un gran sufrimiento al país y su población. Pero, como ya se ha mencionado anteriormente, el análisis de las causas es una cosa fundamentalmente diferente a la legitimación; y la confusión entre ambos, ya habitual en los debates actuales, ha complicado considerablemente la comprensión de la situación y ha causado un daño inmenso. Por esta razón, esta historia se cuenta aquí una vez más de forma resumida. Es un ejemplo de cómo, por arrogancia, se puede desperdiciar una oportunidad histórica mundial y crearse enemigos innecesarios.
Crónica de oportunidades perdidas
El 8 de febrero de 1990, el secretario de EEUU, James Baker, viaja a Moscú para hablar con Mijaíl Gorbachov sobre las condiciones para la reunificación alemana. El día después le siguen el canciller alemán Helmut Kohl y su ministro de Asuntos Exteriores Hans-Dietrich Genscher. En el vuelo de regreso a Ottawa, los tres anuncian que Gorbachov ha dado “luz verde a la reunificación”. A cambio, según las palabras textuales de Genscher, ellos mismos “han prometido que la OTAN no se expandiría ni un centímetro hacia el este”. El acta de la conversación entre Baker y Gorbachov del 9 de febrero lo confirma. En ella se dice que “Baker asegura a Gorbachov que ni el presidente ni yo tenemos la intención de sacar ventajas unilaterales de los procesos actuales” y que los estadounidenses comprenden la importancia para la URSS y para Europa de que “la actual jurisdicción militar de la OTAN no se expanda ni un centímetro hacia el este”. Ya el 31 de enero, Genscher había dejado claro públicamente: “Es tarea de la OTAN declarar sin regodeos que, independientemente de lo que ocurra en el Pacto de Varsovia, no habrá una expansión del territorio de la OTAN hacia el este, es decir, más cerca de las fronteras de la Unión Soviética. […] Occidente también debe ser consciente de que los cambios en Europa del Este y el proceso de reunificación alemana no deben perjudicar los intereses de seguridad soviéticos”.
Gorbachov cometió el error de no plasmar las promesas por escrito en forma de tratado
Gorbachov cometió el error de no plasmar las promesas por escrito en forma de tratado
En el discurso público, estas promesas han sido a menudo puestas en entredicho, ya que Gorbachov cometió el error de no plasmarlas por escrito en forma de tratado. Un ejemplo: todavía en octubre de 2024 la cadena alemana Südwestfunk emitió un programa en el que se afirmaba que en aquel entonces solo se habían dado garantías en relación con el territorio de la República Democrática Alemana (RDA). También el ministro alemán de Asuntos Exteriores Johann Wadephul (CDU) negó rotundamente en el Bundestag alemán que se hubieran hecho las promesas arriba mencionadas, al igual que Jens Stoltenberg quien fue secretario general de la OTAN hasta 2024. Sin embargo, no solo que en ese momento se conocían desde hace mucho las declaraciones de Genscher y Baker, sino que también se habían desclasificado docenas de documentos gubernamentales al respecto que antes eran secretos. Estos documentos evidenciaron que los representantes de política exterior de las principales potencias occidentales habían prometido a Moscú que renunciarían........
