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Polarización económica e insularidad política

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06.04.2026

En este siglo, los españoles hemos triplicado el consumo de antidepresivos por habitante y duplicado el de ansiolíticos, según el CIS. Ello explicaría que el 80% declaremos sentirnos felices en nuestra vida cotidiana (después de ingerir las pastillas), cuando, según el Edelman Trust Barómetro, un 67% declaramos sentirnos descontentos con el entorno (antes de tomarlas), entre otras cosas, porque “el sistema favorece a los ricos”, que se están haciendo cada vez más ricos.

Y es cierto: la brecha entre ricos y pobres se ha agrandado tanto en lo que llevamos de siglo que resulta imposible no tenerlo en cuenta a la hora de explicar reacciones y sentimientos sociales con reflejo político en el voto. Nuestro siglo XXI ha sido un tobogán con fuertes subidas y bajadas de un ciclo económico que tocó techo en 2007, antes de que estallase la burbuja inmobiliaria y suelo, de momento, durante la pandemia del Covid, con arreones posteriores vinculados a la guerra de Ucrania y a la actual en el golfo Pérsico. Los indicadores de bienestar económico de las familias han acompañado los vericuetos de ese ciclo espasmódico con un resultado claro a estas alturas: en 2026, los ricos españoles son más y más ricos, mientras que los pobres son más pobres que al comenzar el siglo, tanto en términos de renta como de riqueza.

Asumiendo ya que en este capitalismo global la desigualdad patrimonial es mayor que la de renta, así como que tanto la riqueza como la pobreza se heredan,........

© Cinco Días