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Los trucos invisibles que acuñó Galbraith vuelven en la fiebre de la IA

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20.06.2026

En su libro El crac del 29, John Kenneth Galbraith acuñó el término bezzle. El economista lo definió como “una riqueza aparente que en realidad no existe, en las empresas y los bancos de un país”. Según Galbraith, el bezzle crece “en los buenos tiempos, [cuando] la gente está relajada, confiada, y el dinero abunda”. Vivimos de nuevo una época así. El entusiasmo por todo lo relacionado con la inteligencia artificial ha vuelto a los inversores demasiado confiados respecto a las prácticas financieras de las grandes empresas implicadas en la revolución tecnológica.

El bezzle adopta formas diversas. Aparece cuando las empresas inflan sus beneficios y minimizan sus gastos. Los trucos contables son un rasgo habitual. Durante la fiebre ferroviaria británica de la década de 1840, por ejemplo, el Rey del Ferrocarril, George Hudson, pagaba dividendos con cargo al capital y orquestaba transacciones dudosas entre empresas que controlaba. El bezzle implica a menudo beneficios fabricados, como las ganancias por operaciones bursátiles de las corporaciones japonesas a finales de los ochenta.

Durante el auge tecnológico del cambio de siglo, proveedores de equipos de telecomunicaciones como Nortel y Lucent engordaron sus beneficios concediendo préstamos a clientes poco solventes. Algunas telecos de la época llegaron a simular intercambios de capacidad de red para inflar los ingresos declarados. Los pasivos se ocultan. Tanto el Rey de las Cerillas sueco, Ivar Kreuger, a comienzos de los años treinta, como el consejero delegado de Enron, Jeff Skilling, a finales de los noventa, crearon estructuras financieras complejas que mantenían las deudas fuera de sus cuentas auditadas.

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