Ilustres ignorantes
Se está extendiendo la idea de que cualquier asunto, por alambicado que parezca, tiene solución y explicación. Se piensa que cualquier especialidad de la ciencia ... de la que hablemos ha llegado a conclusiones definitivas sobre lo que sea. Curiosamente, vivimos una época en la que se está produciendo el empoderamiento de la ignorancia; muchos «enciclopedistas» de documentales, Youtubers o Wikipedia creen estar en la sabiduría máxima de casi todo (confunden sabiduría con conocimiento, y ni la una ni lo otro), y nadie controla la veracidad de lo que se publica ni de lo que se dice en los medios o las redes.
En esta orgía de conocimiento subrogado, hacen su agosto los libros de autoayuda, las llamadas pseudociencias y las teorías más peregrinas, que son seguidas por muchas personas porque, en el desentrenamiento general por el rigor en lo que se hace, creen cualquier cosa que aparezca en un medio o en la pantallita de su móvil. A esto se une la paranoia colectiva, que funciona sin aspavientos pero que propicia un sobresalto permanente que no se nota, porque cada día nos llegan por muchas vías advertencias sobre peligros informáticos, alimenticios, medicamentosos o medioambientales.
Y esa paranoia es el río revuelto en el que se forran -o al menos sobreviven- los charlatanes de feria, que a veces hasta tienen títulos universitarios, pero venden humo. Lo último es la moda del lenguaje no verbal; si ya todo el mundo cree que hay por ahí espías que nos leen los labios, ahora también saben si mentimos, estamos deprimidos con cara de risa o contentos con aspecto triste, si estamos decididos o dubitativos, si somos proclives o contrarios a lo que sea. Y lo deducen porque pestañeamos mucho........
