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La lengua de los canarios

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21.07.2026

La lengua materna, nativa o propia de los canarios es la lengua española (no castellana), que es la que les permite organizar el mundo que los rodea, conservar su memoria, la memoria que los conecta con sus antepasados y garantiza su continuidad histórica, construir el futuro, sentir y comunicarse con sus semejantes. “El hombre es sobre todo memoria y lenguaje”, como señala Emilio Lledó. Sin la lengua española, el pueblo canario actual no entendería ni sentiría el mundo como lo entiende y siente, y, por tanto, no sería lo que realmente es. Por eso digo que la lengua propia de los canarios es la lengua española; la lengua española hablada con aliento físico y espiritual propio; con el aliento físico de su voz concreta y el aliento espiritual de sus conceptos, deseos, ilusiones y frustraciones insulares u oceánicas.

Hay canarios que dicen sentirse, primero, canarios, y, después, españoles. Otros, a la inversa, confiesan sentirse, en primer lugar, españoles, y, luego, canarios. En tercer lugar, los hay que aseguran sentirse canarios y no españoles. Y otros, por último, manifiestan sentirse españoles y no canarios. Y todos ellos tienen derecho a hacerlo, porque los sentimientos, como las ideologías, las creencias religiosas o las inclinaciones sexuales pertenecen al dominio, la privacidad o la intimidad de cada cual. Pero, desde el punto de vista de la lengua, que es un hecho objetivo, la canariedad y la hispanidad del canario moderno no pueden separarse de ninguna manera, porque son caras de una misma moneda: todo canario moderno es hispano, porque tiene como lengua materna la lengua española, que le proporciona los esquemas fónicos, gramaticales y léxicos a través de los cuales organiza y ve el mundo que lo rodea y construye su “canariedad”; y todo canario moderno es canario porque rellena esos esquemas mentales de representación espacial, temporal y conceptual que es la lengua española con su aliento personal y la sustancia de su realidad física y psicológica de hombre insular. Por lo tanto, ni lo lingüísticamente canario del canario puede separarse de lo hispano, ni lo lingüísticamente hispano del canario puede separarse de lo canario. Digámoslo con una obviedad: desde el punto de vista lingüístico, que es el que nos interesa aquí, el hombre de las Islas no es otra cosa que hispano-canario; es decir, hablante de la lengua española en su modalidad canaria; como el hombre de Castilla no es otra cosa que hispano-castellano, el hombre de Andalucía, hispano-andaluz, el hombre de Cuba, hispano-cubano, y así sucesivamente.

Claro que, como sabemos todos, la lengua propia de los canarios, que es la lengua española, repetimos, no es exclusiva de ellos, sino que la comparten con sus compatriotas del resto de España, que fueron quienes la trasplantaron ya bastante desarrollada a las Islas, desde principios del siglo XV, y con sus hermanos de Hispanoamérica, que la recibieron, casi un siglo después de que la misma empezara a aclimatarse a los aires y necesidades del Atlántico en las Islas Canarias, de estas y de la Península. La propiedad lingüística de los canarios es una propiedad compartida con gentes de mundos cultural, racial y geográficamente diversos; lo que, dicho sea de paso, no constituye ningún inconveniente, al contrario de lo que sucede cuando se comparten propiedades materiales (porque los beneficiarios del reparto tocan a menos), sino una ventaja, por tres razones principales:

En primer lugar, compartir su lengua con otros pueblos del mundo constituye una ventaja para el canario, porque esa lengua, que abraza la inmensidad territorial que va desde los Pirineos hasta la Patagonia, le permite rebasar ampliamente la rutina del diminutivo mundo físico de apenas siete mil quilómetros cuadrados rodeados de océano que tiene su hábitat natural.

En segundo lugar, el hecho de que su lengua sea hablada por gentes de razas, culturas y procedencias tan diversas constituye para ellos una gran ventaja, por lo que significa de enriquecimiento de sus expectativas culturales, literarias y científicas. Por escribir en español, el madrileño Cervantes, el vasco Unamuno, el andaluz Juan Ramón Jiménez, el mejicano Juan Rulfo, el colombiano........

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