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EEUU, Israel y Marruecos, la pinza que aprieta a Europa

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31.08.2026

En las dos últimas semanas he publicado en este mismo medio dos artículos, a raíz de la “guerra híbrida” de Ceuta, analizando el envalentonamiento de Marruecos ante el nuevo mapa geoestratégico de la zona y cómo ese país juega con las cartas marcadas - haciendo trampas- en sus relaciones con Europa y con España. Obviamente, siempre con la realidad de Canarias en un primer plano. Hoy pretendo cerrar esta trilogía de textos con una reflexión acerca de llo que entiendo como una pinza perfectamente diseñada por EEUU e Israel, con Marruecos como cómplice necesario, para debilitar al Viejo Continente.

Hay decisiones que, vistas por separado, parecen episodios sueltos de la política internacional. Un arancel aquí, una declaración sobre Groenlandia allá, un guiño a un partido de extrema derecha en otro lado. Pero cuando se observan en conjunto, durante un periodo sostenido y con una dirección constante, dejan de ser ruido y empiezan a dibujar un patrón. Esa es la lectura que cada vez más analistas y observadores del Mediterráneo occidental hacen del actual momento geopolítico: una convergencia de intereses entre la Administración Trump y el Gobierno de Netanyahu que produce unos efectos muy concretos sobre Europa: la debilitan, la fragmentan y la hacen más dependiente.

Estamos ante una acumulación de hechos verificables que, sumados, configuran una tendencia difícil de ignorar. En algunos momentos con indicios claros de una guerra de “zona gris” de peligrosas consecuencias. Y eso merece ser analizado con rigor desde una región como la nuestra, situada en la frontera sur de Europa y, por tanto, en primera línea de sus consecuencias.

El primer instrumento de acoso es económico. La presión económica como palanca para generar desestabilización. Los aranceles impuestos por Washington desde 2025, y el acuerdo posterior que dejó a la UE aceptando condiciones asimétricas en sectores clave, obligan todo el tiempo a Bruselas a negociar desde la debilidad y premian los acuerdos bilaterales al margen del bloque comunitario. Una Europa dividida comercialmente es una Europa más fácil de empobrecer y de influir políticamente. Aunque se ha llegado a un acuerdo en julio, siguen sin cerrarse los del acero y el aluminio, con la amenaza constante de Trump de aplicar medidas adicionales

Las reiteradas declaraciones de Trump sobre su intención de controlar Groenlandia, sin descartar presiones económicas o militares, son un test de hasta qué punto la UE y la OTAN reaccionan unidas cuando la integridad territorial de un miembro -Dinamarca- es cuestionada por su principal aliado. La respuesta ha sido tibia. Y esa tibieza es, en sí misma, un mensaje preocupante. La anexión de este territorio con fines militares, obtención de tierras raras y petróleo y de control del Ártico sigue estando sobre el tablero. En el mes de julio, en la cumbre de la OTAn en Ankara, el presidente estadounidense volvió a afirmar que Groenlandia debería estar bajo control estadounidense. En agosto, una compañía petrolera vinculada al entorno de Trump........

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