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Preludio de una invasión anunciada

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15.04.2026

Preludio de una invasión anunciada

Autor(es): Pedro Antonio García

Los actos terroristas con la misión de paralizar el país y los bombardeos a aeropuertos cubanos presagiaron el desembarco de la brigada invasora organizada por la CIA

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA*

Al Gobierno Revolucionario llegaban constantemente informes de amigos de Cuba sobre el entrenamiento por la CIA (Agencia Central de Inteligencia) en Centroamérica de una brigada de asalto integrada por contrarrevolucionarios emigrados.

Ante la inminencia de una agresión armada a gran escala, Fidel Castro Ruz volvió a movilizar a los batallones de milicianos con experiencia en la lucha contra bandidos en el Escambray y los dislocó a lo largo de la geografía nacional. Como luego argumentara al pueblo durante su comparecencia televisiva del 23 de abril de 1961, ya derrotada la invasión, “en todos los puntos probables de desembarco habíamos establecido fuerzas. Sobre todo, en las zonas de acceso a las montañas”.  

En una inspección realizada por él a Playa Girón durante aquellos días, en compañía del comandante Guillermo García, comentó: “Este es un lugar ideal para un desembarco”. Explicó a sus acompañantes las ventajas de la zona para una invasión y el establecimiento de una cabeza de playa. Acto seguido ordenó que un batallón de Cienfuegos se trasladara urgentemente al cercano central Australia y se organizara una milicia con los carboneros comprometiéndose a enviar fusiles M-52.

En la mañana del 13 de abril de 1961, en la Base Trax (Guatemala), los instructores de la CIA hicieron la reunión final con los jefes de la Brigada 2506. Un coronel yanqui informó sobre el destino de la tropa: la bahía de Cochinos, al sur de la provincia de Matanzas. “Playa Girón será el centro de la operación y allí se establecerá la Comandancia; Playa Larga será la avanzada de la infantería, a 30 kilómetros al noroeste. Los paracaidistas serán lanzados en Yaguaramas, en el central Covadonga, y en la carretera entre el central Australia y Playa Larga. El deber de ustedes será el de asaltar, ocupar y defender esos lugares al menos por 72 horas”.

Según testimonio de Carlos Rivero Collado, integrante de la brigada, zarparon de Puerto Cabezas ese día, a las 5:15 p.m. A centenares de millas de allí, en La Habana, el terrorista contrarrevolucionario Carlos González Vidal colocaba una petaca incendiaria entre dos rollos de telas en la tienda El Encanto.

El primer fracaso de la CIA

El incendio de grandes proporciones se desató al anochecer. Desde los primeros momentos, el pueblo tuvo la convicción de que se trataba de un sabotaje. Por su tipo de construcción, reformada durante diversas etapas desde su inauguración en 1886, les fue muy difícil a los bomberos realizar su trabajo. El fuego convirtió en humeantes ruinas el inmueble de siete pisos.

Milicianos, trabajadores de la tienda, vecinos del lugar, acudieron a ayudar a los bomberos. Fe del Valle, empleada del establecimiento, a quien llamaban cariñosamente Lula, desoía consejos y entraba a las salas en llamas y trataba desesperadamente de sofocar el siniestro.

Tiempo después escribiría el destacado intelectual revolucionario Juan Marinello: “Marchó al fin, serena y erguida, con su natural imperio sonriente, al encuentro de la muerte. Vino después la búsqueda angustiosa, el escombreo incesante, sin horas ni tregua. Al fin, se dio con un puñado de cenizas y, en su entraña, el reloj pulsera de Lula del Valle”.

El sabotaje a El Encanto formaba parte de un plan encomendado por la CIA a los grupos contrarrevolucionarios desde inicios de 1961. Su propósito era “paralizar La Habana” y las principales ciudades del país mediante actos terroristas. Ante la inminencia de la invasión, la agencia estadounidense apresuraba a sus agentes a la realización de ese tipo de acciones.

En el local de la revista Verde Olivo, la metralla de un artefacto explosivo hirió gravemente a un joven obrero. Un incendio en un depósito del central Camilo Cienfuegos (antiguo Hershey) dañó más de 100 000 sacos de azúcar. Un petardo colocado en la puerta de la misma tienda El Encanto, el 7 de abril, destrozó sus vidrieras e hizo añicos los cristales de los comercios más cercanos, prefigurando el incendio ocurrido días más tarde.

Pasadas tres noches, los empleados de ese establecimiento, ya nacionalizado, inauguraban la biblioteca del centro, imprescindible en su superación cultural. Juan Marinello fue invitado a cortar la simbólica cinta roja y a impartir luego una conferencia sobre José Martí.

Entre el 1° y el 16 de abril, más de 20 000 contrarrevolucionarios, entre terroristas y colaboradores, fueron detenidos por la acción conjunta de los combatientes de la Seguridad del Estado y el pueblo cederista. El plan de la CIA de apoyar mediante el terrorismo la invasión mercenaria había fracasado.

El bombardeo a los aeropuertos

Muy temprano en la mañana, faltaban 20 minutos para las seis del 15 de abril de 1961, los artilleros antiaéreos de guardia, al ver a tres aviones sobrevolar el pueblo cercano, comprendieron que no podían ser de las FAR, pues nunca lo hacían más de dos. Y cuando las naves enrumbaron hacia ellos, comenzaron a disparar.

Toda la base se movilizó. Desde la torre, el operador oyó por el radio un diálogo entre dos pilotos enemigos. “En San Antonio todos están muertos”. “Descansen en paz”. “En San Antonio estamos vivos y todo el mundo aquí es de Patria o Muerte”, gritó el operador. “Te vamos a sacar a patadas de la torre de control”, ladró uno de los aviadores. El operador respondió: “Bajen, que tengo un FAL”.

En Santiago de Cuba, uno de los trabajadores del aeropuerto no se inquietó al ver uno de los aparatos enmascarado con las siglas de las FAR. “Entonces observé que dejaba caer una bomba”, relató más tarde a un periodista. Con los cristales volando sobre su cabeza, comenzó a gritarles a los artilleros: “Tírenle, tírenle a esos cabrones”.

El enmascaramiento de los aviones de la CIA con las siglas de las FAR también confundió a muchos milicianos en la pista de Ciudad Libertad. Cuando comenzaron a arrojar sus bombas, las antiaéreas les abrieron fuego. Uno de los aparatos, incendiado, se precipitó al mar. Eduardo García Delgado, de 23 años, quien fungía como instructor de los artilleros, fue a buscar un FAL con el objetivo de repeler la agresión. Un rocket le alcanzó en la parte posterior del cuello y un brazo.

Antes de morir, Eduardo escribió en una pared, con su sangre generosa, a modo de mensaje, un nombre: “Fidel”.

La Revolución Socialista

Era la segunda vez que el pueblo se agolpaba de forma tan multitudinaria en la calle 23 del Vedado. Un año antes, fue el 5 de marzo de 1960, cuando el sabotaje al vapor La Coubre le costó la vida a más de 100 portuarios, marinos y gente de pueblo. Y aquel 16 de abril engrosaban la lista del martirologio revolucionario nuevos nombres, esta vez las víctimas de los arteros ataques a los aeropuertos, preludio de la inminente invasión de la CIA.

La esquina de 12 y 23 devino nuevamente en escenario para un acto histórico. Dijo entonces Fidel: “esta es la Revolución socialista y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes. Y por esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, estamos dispuestos a dar la vida”.

En otro momento de su alocución subrayó: “lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es la dignidad, la entereza, el valor, la firmeza ideológica, el espíritu de sacrificio y el espíritu revolucionario del pueblo de Cuba […] ¡y que hayamos hecho una Revolución socialista en las propias narices de Estados Unidos! ¡Y que esa Revolución socialista la defendemos con esos fusiles! […], con el valor con que ayer nuestros artilleros antiaéreos acribillaron a balazos a los aviones agresores!”.

Al finalizar su intervención, Fidel emitió a todos los milicianos la orden de dirigirse a sus respectivos batallones, en vista de la movilización general ante la inminencia de la agresión. Añadía el Comandante en Jefe: “Dispongámonos a salirle al frente al enemigo, con el Himno Nacional, con las estrofas del himno patriótico, con el grito de ‘al combate’, con la convicción de que ‘morir por la patria es vivir’ y que ‘en cadenas vivir es vivir en oprobios y afrentas sumidos’”.

*Periodista y profesor universitario. Premio Nacional de Periodismo Histórico por la obra de la vida 2021.

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Los libros Girón. La batalla inevitable, de Juan Carlos Rodríguez; Girón no fue solo en abril, de Miguel Ángel Sánchez; Diario de Girón, de Gabriel Molina; Los mil días de Kennedy, de Arthur Shlesinger Jr.; y la compilación Fidel. Días de Girón, de Acela Caner y Eugenio Suárez.

Cuba, Destacamos, embarazo en la adolescencia, Fidel Castro, Girón

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