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Es el ciclismo

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Pedaleando sobre un hierro con tres coronas y un plato que Domingo Álvarez había montado con material de Orbea en su tienda de la plaza de la Ópera, unos días antes de cumplir 14 años, subí por primera vez el Puerto de Navacerrada hasta Cotos. Ese verano, que acababa, Eddy Merckx había ganado su primer Tour. El ciclismo, que se ve que era importante en mi vida, no iba a tardar ni dos años en enseñarme que un seguidor de grandes vueltas debería estar preparado para sentirse vacío de improviso.

Las caídas, en cualquier situación, en cualquier clase de carrera, provocan en el aficionado malestar físico. Nos dañan el ánimo y nos descomponen el cuerpo. Creo que a veces nos duelen. Se aproximan los ciclistas al sprint y sentimos miedo por ellos. Y ¡ay, cuando lo lanzan!

Pero la desazón del vacío, el desasosiego que sigue al haberse precipitado en el abismo todas las certezas, son........

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