¿El Estado 51? – jajaja… ¡Yo te aviso!
«Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.» ABRAHAM LINCOLN (adaptado)
El Bohemio estaba inusualmente lleno para un martes a media mañana. El sol atravesaba el ventanal con esa intensidad que precede a los anuncios graves. Sobre la mesa del rincón, Anacleto tenía desplegada una libreta de tinta verde con anotaciones que parecían el mapa de una conspiración. Me miró un par de veces como si fuera a decirme algo, pero calló. Todos le miraban, esperando que detonara la bomba.
El pichón de periodista llegó con el teléfono caliente, pero esta vez no traía un rumor. Traía una noticia que le hervía en la boca. «Anacleto, ¿ya vio lo que dijo Trump? Que Venezuela va a ser el Estado 51. Que vamos a ser como Puerto Rico, pero con petróleo. ¿Es broma? ¿Es amenaza? ¿Es campaña?»
Anacleto no respondió de inmediato. Encendió un cigarrillo con esa parsimonia de quien sabe que las palabras de un imperio en decadencia no se toman a la ligera, pero tampoco con pánico. Exhaló el humo hacia el techo y lo vio deshacerse contra las aspas del viejo ventilador. «Camarita, el problema no es lo que Trump dice. El problema es lo que Trump puede hacer mientras la oposición se pelea por ser la próxima presidenta de una Venezuela tutelada. El Estado 51 no existe… no va a existir. Es un eslogan de campaña para que su base trumpista se emocione. Pero en las calles, camarita, en las calles suceden otras cosas.»
El coronel retirado, con la mirada de quien ha estudiado el arte de la guerra, se inclinó sobre la mesa. «Anacleto, Trump ha dicho varias veces eso de administrar el país. El 3 de enero, el mismo día de la captura de Nicolás, denunciada por Caracas como un secuestro político, dijo que Estados Unidos administraría Venezuela hasta nuevo aviso. ¿Eso no es una declaración de intenciones?»
«Lo es, coronel. Pero una cosa es lo que dice un político en campaña y otra lo que puede hacer cuando la realidad le explota en la cara.» Anacleto señaló la libreta con la colilla humeante. «Trump dijo: 'Venezuela tiene la cantidad de petróleo más grande del mundo. No voy a decir que sea un estado más, pero los trataremos como si lo fuera'. Es la táctica del 'ni sí, ni ni'. Niega la anexión para no violar el derecho internacional, pero afirma el trato. Es un clásico.»
La profesora, con esa precisión de archivo que la caracteriza, desplegó una copia de la Constitución. «Y aquí está la respuesta, camaritas. La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela es clara. El artículo 1 dice que el Estado venezolano es ‘irrevocablemente libre e independiente’. El artículo 5 dice que la soberanía reside 'intransferiblemente' en el pueblo. No se puede regalar, no se puede vender, no se puede ceder. Cualquier intento de anexión es nulo de pleno derecho.»
El boticario, fiel a su papel de ingenuo estratégico, movió la cabeza. «Pero Anacleto, ¿y si la gente pide la anexión? He visto comentarios en redes sociales: 'Que vengan y arreglen esto'.»
La carcajada de Anacleto retumbó en todo el café. «Camarita, las redes sociales no son la calle. La calle es otra cosa. La calle es la gente que madruga, que hace cola, que se inventa un negocio........
