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Una Ética universal

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22.12.2025

Al término de la Segunda Guerra Mundial respiramos hondo. El fin de la tragedia fue el momento de la vida de millones de seres humanos tuvo que ser el día más feliz de su vida. Pero es que, al mismo tiempo, incontables ingenuos nos sentimos henchidos de esperanza y de ilusión. La esperanza y la ilusión de que se iniciaba una Nueva Era de paz, si no perpetua como la propuso el filósofo Kant, sí muy duradera. Pues bien, nos encontramos ahora en el primer cuarto de siglo y comienzos del siguiente milenio, y sin embargo el asombro que me causan las naciones occidentales y a su cabeza Estados Unidos y España pero también el conjunto de la Comunidad Europea es, a su vez asombroso.

En Occidente al menos, dejando a un lado el Medio Oriente donde la barbarie hace mucho ha cobrado nuevas formas, se percibe un atolondramiento general, en tantos y tantos aspectos que en buena medida está comprometida la Razón. La razón no sólo en política sino en muchos planos de la vida social e individual. Parece haberse perdido el norte de las ideologías y de las ideas. La anomia se extiende por todas partes. Han desaparecido prácticamente los referentes. La religión católica está perdiendo adeptos, feligreses y simpatizantes. La Curia y los servidores de Dios, o se han desnudado, o la sensatez, el buen juicio y el recto razonar les está retirando el maquillaje.

Aunque se refugia el desorientado en psicólogos, psiquiatras, filosofías y religiones orientales, el mundo protagonista prácticamente toda la historia de la humanidad, que son Europa y Estados Unidos, parecen haber enloquecido.

El absurdo, las contradicciones constantes aceptadas sin crítica por poblaciones despejadas; la desorientación generalizada, aparte la obsesión por hacer la guerra a toda costa,........

© Aporrea