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Recordando a mis maestros y valorando la educación como motor de cambio

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30.03.2026

La educación como vehículo transformador

Entre calles polvorientas y patios improvisados del barrio "La Gran Parada", en la parroquia Macarao, en la Caracas de los años 60, aprendí mis primeras letras gracias a Hilda y Alejandrina Morales, vecinas autodidactas y de gran corazón quienes mantenían una pequeña escuelita para los niños del barrio. Su misión era clara: orientar, educar y abrir oportunidades donde parecía no haberlas.

En mi opinión, basada en mi experiencia en la escuela primaria "Claudio Feliciano" y en el Liceo "Luis Razetti", la educación pública ha sido —y sigue siendo— el instrumento más poderoso para transformar la vida de las personas y el destino de una nación.

El apoyo familiar: la primera escuela

El apoyo familiar fue determinante.

Los consejos constantes de mi madre, hermosa merideña, me enseñaron disciplina, respeto y la importancia del estudio.

Esos principios marcaron mi vida y mi relación con la educación, y me hicieron valorar cada lección recibida.

Maestros que dejaron huella

En la escuela primaria Claudio Feliciano, mis maestros de 1º a 6º grado dejaron un recuerdo imborrable:

Emperatriz de Sotomayor – paciencia y ternura en cada clase.

Irma Cano – firmeza y justicia que enseñaban más que letras.

Luis Rafael López – estimulaba la curiosidad y el esfuerzo.

María de Feliciani – acompañaba con dedicación y cariño.

Luisa Nohelia Rodríguez – ejemplo de disciplina y constancia.

Guido Di Rienzo – enseñaba a pensar y a soñar con metas grandes.

En el Liceo "Luis Razetti", profesores como:

Gloria de Baiz (mi segunda madre), Ciro Urquiola, Francisco Viloria, Sandra Masso, Miguel Castillejo, José Aldana, María Michelangeli, me orientaron por el buen camino, reforzando valores y disciplina que aún guían mi vida.

A todos ellos, mi más profundo agradecimiento. Formaron no solo conocimientos, sino valores y orientación de vida.

La educación pública: un motor de movilidad social

La educación pública puede romper el círculo vicioso de la pobreza y abrir oportunidades de progreso.

El Estado debe garantizar escuelas dignas y maestros motivados, bien preparados y dignamente remunerados.

El sector privado puede aportar recursos: infraestructura, bibliotecas, alimentación escolar, deportes y mejoras en los barrios.

La Iglesia y la comunidad organizada tienen un rol fundamental en acompañar y cuidar a los niños.

Se necesita un pacto coordinado: Estado, sector privado, Iglesia, comunidad y la conciencia ciudadana, todos haciendo un esfuerzo constante para combatir la pobreza, especialmente en los sectores más vulnerables.

Desideologización y futuros libre pensadores

Es urgente desideologizar el sistema educativo, basado en la Constitución, no en líneas partidistas o sectarias.

La educación debe formar futuros libre pensadores, ciudadanos críticos, capaces de analizar, cuestionar y crear.

Es imprescindible desmontar el culto a la personalidad que ha causado tanto daño, promoviendo un aprendizaje auténtico y reflexivo.

Reconciliación y construcción de país

En este período de transición, la reconciliación es más que urgente.

Venezuela necesita encuentro, comprensión y suma de voluntades para avanzar como sociedad.

A pesar de una infancia y adolescencia con limitaciones, guardo gratitud, no resentimiento.

La sociedad avanzará con entendimiento, respeto mutuo y trabajo conjunto, no con conflictos de clases.

La educación sigue siendo el motor del cambio, y también la esperanza.

Conclusión inspiradora

Educar es despertar la conciencia y no adoctrinar.

Cada niño que aprende hoy es un ciudadano que construirá un país mejor mañana.

La educación pública me sacó del barrio y me enseñó a soñar.


© Aporrea