La Alianza por Venezuela y el reloj de arena
Hay momentos en la vida de las naciones en que las palabras se quedan cortas, no porque no existan, sino porque el peso de lo que nombran las desborda. El lanzamiento de la Alianza por Venezuela, esa nueva forma política unitaria que aspira a reunir partidos y fuerzas sociales, ocurre en uno de esos momentos. No se trata de un acto fundacional más, ni de un manifiesto de temporada: es el intento —acaso el último— de ponerle fecha a lo que todos saben inevitable, pero nadie se atreve a calendarizar. Unas elecciones presidenciales. El reto es enorme, casi quijotesco. La aspiración, en cambio, se enuncia con facilidad y se persigue con dificultad: que los venezolanos vuelvan a votar para elegir a su presidente en el menor tiempo posible.
Lo primero que salta a la vista no es la alianza en sí, sino el paisaje que la rodea. Un paisaje de relojes. En Venezuela todos parecen tener uno. Washington tiene el suyo; Delcy Rodríguez tiene otro. María Corina Machado corre contra el tiempo, pero Dinorah Figuera también. Mientras cada actor calcula sus movimientos, hay un reloj que no negocia, no se detiene y no sabe de geopolítica: el del venezolano común. Ese reloj no mide barriles ni mandatos; cuenta apagones, días sin respuesta, presos políticos, salarios que no alcanzan. Es el único que tiene veinticuatro horas, y avanza igual para quien espera en una cola de farmacia que para quien negocia en un hotel de Caracas.
La Alianza por Venezuela nace en el cruce de esos relojes. Fue lanzada oficialmente el 14 de septiembre, bajo la vocería de Noel Álvarez, coordinador nacional de Gente Independiente y expresidente de Fedecámaras. En su presentación se aclaró, con una sobriedad que agradecen los cansados, que la intención no era competir por espacios políticos ni parcelas de poder. Se trataba, más bien, de promover la discusión y presionar por un cronograma electoral claro, elecciones presidenciales con garantías, restitución de partidos, cese de inhabilitaciones, liberación de presos políticos y respeto a la soberanía nacional. En un país donde la política ha sido tantas veces un ejercicio de vanidad y reparto, ese catálogo de intenciones suena casi a confesión: esto ya no se trata de quién manda, sino de cuándo dejamos de esperar.
La Alianza funciona como vehículo político alrededor del liderazgo de María Corina........
