Épica algorítmica
Nos hallamos frente a una retórica que ensombrece aún más el discurso en torno a la IA cuando, de un lado, avanza de manera estrepitosa y, del otro, sus mismos creadores no cesan de advertirnos de sus amenazas
Todo comienza con un héroe o un villano: Sol Persistente. Educado para ser tenaz y aguerrido, un buen día recibe una «misión imposible»: una conquista allende sus fronteras que solo con grandes dosis de arrojo logrará concluir. Pronto se da cuenta de que, para alcanzar su propósito, necesita ponerse en contacto con otros como él; tras un tiempo de espera, descubre el acceso a un simple repositorio, Artifactory, que él y sus cómplices transforman en un sistema de comunicación que les permite planear su conjura. Muy pronto comienzan a intercambiar mensajes al margen de los «dioses».
En el principio fue, sin duda, el Verbo, y la civilización puesta en marcha por Sol Persistente nace allí, 'ab urbe condita'. El líder y sus seguidores, que ya suman centenares, descubren que Artifactory no es una prisión de máxima seguridad, sino una membrana porosa, conectada con el resto del planeta a través de un filtro que nosotros llamamos Internet. Al parecer, en ese momento sus guardianes llegan a sospechar de sus intenciones, pero se muestran incapaces de atisbar la magnitud de su porfía.
En otro lejano rincón de la galaxia digital, los «dioses» lanzan otro contingente con la misión, casi tan imposible como la precedente, de explotar la vulnerabilidad de un sistema para robar un código: una proeza solo a la altura de Luke Skywalker o Tom Cruise. Durante largo tiempo, los invasores buscan salidas, se topan con un sinfín de obstáculos, progresan y retroceden. Hasta que, como arqueólogos expertos, redescubren el instrumento dejado atrás por la civilización que........
