¿Y a ti qué te molesta?
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Pablo Iglesias incorpora su telepanfleto al catálogo audiovisual de una empresa contra la que cargó en su día
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Tiene Movistar previsto ofrecer a sus clientes la funcionalidad 'Llamadas Molestas', diseñada, dice la operadora, para protegerlos. Esta herramienta –aclara la compañía– utiliza modelos predictivos que analizan patrones. El algoritmo, el filtro, el no pasarán, el detente bala, el no molesten y el a jugar ... a la puta calle. Coincide el despliegue de este cedazo con la incorporación a la oferta televisiva de la compañía del canal Red, proyecto de Pablo Iglesias para asaltar los cielos de la diversificación y ampliar las líneas de negocio de un 'holding' que concentra ya actividades como la hostelería o la propaganda, morro fino y brocha gorda, al gusto de su distinguida clientela, conocida como 'la gente' antes de que Sánchez se quedara con la etiqueta que tú bordaste en rojo ayer. «La morcilla vegana logradísima, las carrilleras muy buenas, los postres deliciosos, el servicio muy amable», escribe en internet un comentarista anónimo y seudónimo tras pasar por la taberna Garibaldi, justo antes de poner la tele.
Lo mismo que hay llamadas molestas, existen canales molestos. «En Movistar puede verse TVE. Pueden verse también las televisiones de la familia Berlusconi, que son los dueños de Mediaset. Pueden verse las televisiones de Atresmedia, como Antena 3 o La Sexta de Ferreras. En Movistar puede verse Trece TV, que es de la Conferencia Episcopal. Puede verse El Toro TV de Julio Ariza, que fue diputado del PP y candidato de Vox. Y muy pronto también va a poder verse una televisión de izquierdas: Canal Red. Así de sencillo», dice con más razón que un santo Pablo Iglesias, que incorpora su telepanfleto al catálogo audiovisual de una empresa contra la que cargó en su día, adelantándose a la guerra contra los 'tecnoligarcas' declarada por el sanchismo orgánico, pero que desde que la SEPI entró en su capital parece cumplir los estándares de progreso.
Cuando Rusia invadió Ucrania, la UE se apresuró en bloquear la señal de la RT del Kremlin para evitar intoxicaciones. Paternalismo y censura, y ejercida no contra Putin, sino contra un público considerado inmaduro. Ya había en 2022 algoritmos para identificar llamadas y emisoras molestas, de los curas o del tabernero de la morcilla vegana, sin necesidad de silenciarlas. En un régimen de extrema vigilancia telemática, donde las plataformas cosen a medida y los teléfonos escuchan a escondidas y leen entre líneas, el más tonto, que antes hacía relojes, sabe qué molesta y por qué. Así funciona nuestra eufemística era de lo 'no deseado', indeseable de toda la vida.
