Felipe VI, el convidado de piedra
Tres jefes de Estado -Brasil, República Dominicana y Haití- compartieron con Felipe VI la toma de posesión del nuevo presidente de Ecuador, Guillermo Lasso. Ese era el nivel. Manda la tradición que el monarca español asista a las investiduras de los mandatarios iberoamericanos. Don Felipe cumplía en Quito un ceremonial anecdótico y menor mientras, a 9.000 kilómetros, España se enfrentaba a dos episodios de enorme gravedad y de inciertas consecuencias.
La avalancha sobre una parte del territorio nacional de miles de jóvenes impulsados por un Gobierno extranjero y reptil ha sido la primera de ellas, aún por resolver. La firma de un previsible indulto a los golpistas catalanes será la segunda, a punto de consumarse.
El aséptico perfil que la Constitución dedica a la figura del Jefe del Estado parece obligarle a este forzado distanciamiento tan ortopédico y estéril. No siempre ha sido así, dado que el papel de arbitraje y moderación que el título II de la Carta Magna reserva para el monarca permite amplias y diversas interpretaciones. En tiempos pretéritos este mecanismo funcionaba de una forma más laxa, quizás en ocasiones inconveniente. Era el 'borboneo', todo un estilo de conducirse en la política de la post-Transición.
La visión del actual Gobierno a este respecto es palmaria y estricta. El Rey es un elemento ornamental, la cúspide simbólica de la estructura del Estado. La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, doctora en Derecho........

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