Iba a ser conductor de un carro fúnebre
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Hace muchos años Julio César Ruiz Castellanos leyó un aviso clasificado en Vanguardia Liberal que decía: “se necesita conductor para limosina, favor presentarse con hoja de vida al Edificio Bancoquia, calle 35 17-77 piso 8, indispensable pase de conducción”. Julio era un adolescente y desde niño ayudaba a su padre Héctor Ruiz, en la empresa que él había montado después de llegar de Suaita junto a su esposa buscando un futuro para su familia en la ciudad de Bucaramanga.
Se radicaron en Campo Hermoso y mientras atendía a los vecinos del sector en una tienda que le fiaba a medio mundo, el pequeño Julio estudiaba en el Colegio Aurelio Martínez Mutis; al mismo tiempo soltaba los cuadernos y cogía un canasto lleno de paquetes de papas -más conocida como papa pobre-, patacones y chicharrones, para venderlos puerta a puerta recorriendo las calles de la ‘Ciudad de los Parques’ y muchos de esos productos terminaron tiempo después en las salas de cine........
