Toxoplasmosis en el embarazo: por qué el riesgo no siempre es el que creemos
La prueba de la toxoplasmosis es una de las muchas a las que se someten las mujeres durante su embarazo. Por lo tanto, puede convertirse en una fuente más de estrés durante unos meses ya de por sí difíciles. Para entender por qué genera tanta preocupación conviene empezar por lo básico. Saber qué es esta infección y cómo se adquiere ayuda a entender el riesgo real.
La toxoplasmosis está causada por Toxoplasma gondii, un parásito intracelular muy extendido en la naturaleza. Puede infectar a personas y animales. En la mayoría de los adultos sanos la infección pasa desapercibida o con síntomas leves similares a los de una gripe.
En las personas, la transmisión se produce sobre todo por vía alimentaria. El principal riesgo aparece al consumir carne cruda o poco cocinada que contenga el parásito, aunque también puede adquirirse al ingerir frutas y verduras contaminadas si no se lavan bien.
Otra vía posible es el contacto con tierra contaminada con heces de gato. Esto puede ocurrir si no se utilizan guantes durante tareas de jardinería o no se lavan las manos después. En estos casos, una higiene básica de manos reduce de forma clara el riesgo.
Aunque los gatos suelen asociarse a la toxoplasmosis, su papel se interpreta a menudo de forma incorrecta, ya que solo expulsan el parásito durante un periodo corto tras infectarse. Además, el contacto directo con ellos no es la principal vía de transmisión en humanos.
El embarazo cambia el riesgo, pero no es motivo de alarma
La presencia del parásito no supone el mismo riesgo para todas las personas. Durante el embarazo, el momento de la infección es un factor clave.
El mayor riesgo aparece cuando la mujer se infecta por primera vez durante la gestación. En ese caso, el parásito puede atravesar la placenta y llegar al feto. Esto es lo........
