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La diplomacia deportiva y la FIFA World Cup: poder (geopolítico y geoeconómico) y fútbol como binomio indisoluble

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31.03.2026

El fútbol no es un espectáculo/negocio aséptico y alejado de las estructuras de poder que medran de la proyección mediática y del prestigio que estos eventos propician entre las élites políticas y empresariales/financieras. De ahí su relevancia en términos estratégicos e, incluso, geoestratégicos; y de ahí también su intencionalidad como acción social que contribuye a apuntalar ese poder. Históricamente, los Estados usan eventos como la Copa Mundial de Fútbol para proyectar una imagen internacional favorable, así como para (re)posicionarse geopolíticamente y robustecer las redes globales en las cuales interactúan. Al ser un espectáculo masivo, el fútbol magnifica también la influencia global de los líderes políticos que a él se acercan. El fútbol no solo contribuye a la construcción de identidades territoriales, sino que también afianza una vinculación del deporte y los fanáticos con hidden goals más allá de las canchas.

A su vez, en las sociedades contemporáneas el fútbol devino en un negocio de alcances globales que se distanció de las masas populares y tendió –cuando menos a lo largo de los últimos tres lustros– a elitizarse y a generar un negocio dirigido a ejecutivos, turistas de alto poder adquisitivo y a un ambiente de exclusividad sin cortapisas (https://shre.ink/5Ol6, https://shre.ink/5OlO, y https://shre.ink/5OlV). Ello es una expresión de la rapacidad de las élites empresariales que operan sin restricciones y apegadas al imperativo de la ganancia desmedida. Este carácter elitista del fútbol marcha a contracorriente del influjo histórico que lo relacionó con las clases sociales populares y lo condujeron por un sendero de lucha y de reinvindicación de causas también populares. Pensemos en la Segunda República defendida por los catalanes; el auld enemies propio de la rivalidad entre Inglaterra y Escocia y que enfrenta a la cruz de San Jorge contra la cruz de San Andrés, con todo lo que ello implica en cuanto a concepciones políticas y religiosas en ambas naciones; etc. En suma, al ser un deporte practicado por miles de millones de seres humanos, adquiere una faceta cultural por su papel crucial en la formación y reafirmación de identidades territoriales.

El fútbol, también, externa impulsos competitivos que remueven antiguas rivalidades entre poblaciones y territorios; exacerba los ánimos nacionalistas y empequeñece la capacidad de discernimiento; al tiempo que cataliza los conflictos sociales. El fútbol, incluso, se emplea como dispositivo de control social y manipulación de las masas.  

Tal vez –como ya lo tratamos en otros textos (https://shre.ink/LhVZ)–, el punto más álgido de esa relación del fútbol con el poder está representado por la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), que en sí misma funge como una tecnocracia y como una facción oligárquica que incluso impone sus criterios y negocios a no pocos Estados; tal como ocurrió en la Copa Mundial Brasil 2014. En tanto organismo internacional rector, la FIFA tiende a concentrar un gran poder no solo financiero y publicitario, sino también simbólico, político y geoestratégico. Es el rostro visible de las relaciones directas del fútbol con la clase política. Su acción social la despliega, en buena medida, en torno a Jefes de Estado y de Gobierno, a funcionarios nacionales e internacionales, y a empresarios de distinto nivel vinculados a esos funcionarios públicos. La FIFA opera como el epicentro de una red empresarial global, ejerciendo un poder de mercado en condiciones monopólicas y sin contrapesos, incluso sobrepasando atribuciones al endosar al sector público las inversiones en infraestructura que reditúan........

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