La Heredera de la Tinta Viva, por Rafael A. Sanabria M.
La Heredera de la Tinta Viva, por Rafael A. Sanabria M.
Correo: [email protected]
Finalista en el concurso internacional de cuento venezolano*
Aroa no camina sobre el polvo de El Consejo; ella lo lee.
En este rincón del estado Aragua, donde el sol parece un martillo que funde el asfalto contra la tierra y el aroma dulzón de la zafra satura el aire hasta volverlo masticable, ella ha descubierto un secreto que nadie más percebe: bajo los adoquines gastados y la tierra reseca no hay solo geologÃa, sino una caligrafÃa sumergida.
Para Aroa, el mundo es un palimpsesto infinito donde las historias de quienes ya no están siguen vibrando, esperando que alguien las pronuncie para no morir del todo. Ella es la Heredera de la Palabra, la elegida por una estirpe de guardianes invisibles para que el silencio del valle no se convierta en el epitafio del olvido.
El don de Aroa no es un regalo, es una responsabilidad atmosférica. Desde pequeña, mientras otros niños jugaban en la plaza BolÃvar, ella se quedaba quieta, escuchando el crujido de las paredes de las casas coloniales.
DecÃa que las paredes hablaban de los generales que pasaron por aquÃ, de las mujeres que bordaron sueños en los zaguanes y de los trabajadores del azúcar que dejaron su sudor impregnado en el viento.
Su abuelo, un hombre cuya piel parecÃa un mapa de pergamino, fue quien le entregó la llave. No fue una llave de metal, sino una frase susurrada al oÃdo antes de partir: «Hija, el mundo es una oración incompleta, y nosotros somos el pulso que debe terminarla para que haya esperanza».
Su abuelo, un hombre cuya piel parecÃa un mapa de pergamino, fue quien le entregó la llave. No fue una llave de metal, sino una frase susurrada al........
