El protectorado invisible, por Jipson Briceño DomÃnguez
El protectorado invisible, por Jipson Briceño DomÃnguez
La extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores del Fuerte Tiuna el 3 de enero de 2026 no fue un episodio aislado en la tormentosa historia venezolana. Fue el acto fundacional de una nueva arquitectura de poder que pocos se atreven a nombrar: un protectorado corporativo con apariencia de diálogo. Un escenario donde la democracia es una tramoya y el petróleo, el verdadero dios de un culto corporativo universal.
Venezuela, aquel paÃs al que el Washington de Trump etiquetó como «narcoestado» y «amenaza a la seguridad hemisférica», es hoy, paradójicamente, un aliado estratégico de Estados Unidos. Las razones que justificaron la intervención –el narcotráfico, la violación sistemática de derechos humanos, el asilo a terroristas– han expirado. Nadie las menciona; son el cadáver sepultado al que ya se le rindió el duelo y que la diplomacia de Nueva York prefirió olvidar.
Aunque los pretextos morales han muerto, el interinato tutelado de Delcy RodrÃguez continúa con mejor respiración. Las razones reales nunca fueron las declaradas. El objetivo siempre ha sido el mismo: las reservas de petróleo más grandes del mundo, los minerales estratégicos y múltiples industrias.
Corporaciones globales ven ahora el chance de acceder a ellos más fácilmente que nunca, gracias a una tutela que no ganó elecciones y a una Asamblea Nacional resucitada de entre los muertos y el olvido.
La Asamblea Nacional de 2015, aquella que nació del tsunami opositor de la era Guaidó y expiró legalmente en 2021, ha........
