Venezuela: confusión planificada, represión intacta y un régimen que se rearma
Nada de lo que hoy ocurre en Venezuela es caótico ni improvisado. La confusión es deliberada. Los mensajes contradictorios, los anuncios inflados, las liberaciones parciales, los silencios calculados y las señales ambiguas hacia el exterior forman parte de una estrategia precisa: ganar tiempo, desactivar presiones y consolidar un nuevo equilibrio de poder sin desmontar el sistema autoritario. Lo que se vendió como transición es, en realidad, una operación de contención y rearme político.
Hoy, el poder real en Venezuela tiene nombre y apellido: Delcy Rodríguez y Jorge Rodríguez. No son figuras de transición; son los herederos directos del autoritarismo. No llegaron para desmontar el sistema, sino para administrarlo con mayor eficacia, menor estridencia y una narrativa más digerible para la comunidad internacional. El error —o la trampa— es confundir su ascenso con un cambio de régimen. Lo ocurrido en Venezuela no fue una liberación, sino un reacomodo.
La salida de Nicolás Maduro del tablero político fue presentada como un punto de inflexión histórica. Las imágenes del exmandatario ante tribunales, su retórica de prisionero de guerra y la cobertura internacional crearon la ilusión de justicia en marcha. Pero la ilusión duró poco. Bastó observar quién tomó el control real del poder para entender que el sistema no se cayó: se depuró.
Delcy Rodríguez se consolidó como la jefa del Ejecutivo de facto. Controla nombramientos, decide relevos, impone lealtades y define el ritmo del proceso interno. No gobierna para democratizar, gobierna para estabilizar. Jorge Rodríguez, desde la presidencia de la Asamblea Nacional controlada por el chavismo, administra la agenda........
