La mecha ya está encendida
Aunque la voz del Papa León XIV irrumpió con firmeza —incluso convocando a una vigilia global de oración bien secundada en buena parte del mundo—, no puede ignorarse lo evidente: se estaba tardando. Durante demasiado tiempo no dijo nada, y cuando la guerra escala y quien puede hablar calla, el silencio deja de ser prudencia para convertirse en complicidad. Hoy, finalmente, habló, y lo hizo con claridad: la Iglesia no está de acuerdo con la guerra, no está de acuerdo con lo que está ocurriendo, y sobre todo, no está de acuerdo en que se utilice el nombre de Dios como pretexto para la violencia. No es menor, pero tampoco es suficiente.
Porque, aunque el mensaje tiene filo, todavía no alcanza el volumen que en su momento tuvieron voces como la del Papa Francisco. Es un paso importante, pero aún no es el golpe que muchos esperarían de una institución que, por su naturaleza, debería ser el contrapeso moral más contundente del sistema internacional. Y ahí surge lo más delicado: cómo se va a reaccionar ante lo que siguió, porque ya circulan versiones inquietantes sobre presiones desde el entorno de Donald Trump, incluso un llamado al nuncio del Vaticano en Estados Unidos desde instancias vinculadas al poder militar,........
