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Sacristán sobre el estalinismo

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06.01.2026

En esta nueva entrega del Centenario Manuel Sacristán reproducimos una serie de documentos relacionados con una mesa redonda en la que participó Manuel Sacristán en torno a la cuestión del estalinismo.

Nota del editor.-  Publicamos, a continuación, el material producido en torno a la mesa redonda sobre el estalinismo en la que participó Manuel Sacristán el 23 de febrero de 1978 junto con Manuel Vázquez Montalbán. El encuentro se celebró en el salón de actos del convento de los padres Capuchinos de Sarrià (Barcelona), el mismo lugar en el que en marzo de 1966 se había constituido el Sindicato Democrático de Estudiantes de la Universidad de Barcelona (SDEUB). Este material consta del guion que escribió para su intervención -que puede consultarse en BFEEUB-, la transcripción de su intervención inicial y de una buena parte coloquio posterior. También se añaden en esta introducción dos documentos de interés:

1. Una nota al pie de página, en la que Sacristán señalaba lo siguiente sobre el estalinismo:

«En Lukács, como en cualquier comunista inteligente, crítica del stalinismo es autocrítica, porque no es sensato creerse insolidario de treinta años del propio pasado político, aunque uno tenga sólo veinte».

2. La observación realizada por el historiador José Luis Martín Ramos sobre esta conferencia en una entrevista concedida a Salvador López Arnal, que reproducimos debido a que realiza una interesante contextualización de las palabras de Sacristán:

«En torno a la fecha de su marcha del PSUC, Sacristán dio una conferencia sobre el eurocomunismo, en julio de 1977, en la Escola d’Estiu que cada verano organizaba la institución Rosa Sensat y participó en esa Mesa redonda sobre estalinismo, en febrero de 1978.

Me interesan particularmente porque en ambas está reflexionando sobre el movimiento comunista desde una posición crítica comunista que procuró ser honesta, no destruir sino construir, sin caer en ninguna indulgencia ni perdonar ningún reproche. Como siempre, Sacristán dirá cosas de interés, aunque para mí su intervención sobre el estalinismo quizás diga más sobre la manera de ser y pensar de Sacristán en ese momento que sobre el estalinismo, sobre el que en los casi cincuenta años que han pasado desde aquella mesa redonda hemos conocido mucho más e interpretado mejor, aunque continúa siendo un tema de debate abierto.

Por otra parte, en el momento en que se produce la Mesa redonda estaba muy sobre la mesa el debate sobre la relación entre «leninismo» y «estalinismo», dos términos que considerábamos en cierto sentido análogos, oscureciendo que se estaba comparando un sistema político y una concepción del movimiento comunista con la personalidad de Lenin, fundador indiscutible de ambas cosas, pero no exactamente de la conformación de ese sistema y ese movimiento que finalmente construyó Stalin.

En mi recuerdo está la publicación de un libro de Ignacio Sotelo, un sociólogo miembro entonces de la dirección del PSOE, en el que se sostenía –no era un argumento original de Sotelo, pero él no hizo popular en el socialismo español de entonces– que entre Stalin y Lenin había una línea de continuidad absoluta, que sin Lenin no se habría producido Stalín y que éste no había hecho sino desarrollar lo que había iniciado Lenin, el despotismo y el terror en nombre del socialismo.

Lo que sea más perdurable de la intervención de Sacristán puede ser que él no viera tanto una línea de continuidad como algún subsuelo común, el desafío de mantener un estado revolucionario aislado y amenazado de destrucción por las potencias capitalistas, al que Lenin y Stalin, empero, habían respondido de manera diferente. Una de las preocupaciones de Sacristán en la conferencia es subrayar las diferencias, y entre esas diferencias una que resulta fundamental, la autocrítica de Lenin que revisa constantemente las respuestas que se dan y busca las que puedan mantener el impulso revolucionario frente a la autocomplaciente de Stalin, el «cinismo ideológico» que Sacristán le atribuye, que justifica la subsistencia del estado a toda costa, como fin en sí mismo y no como instrumento históricamente superable.

Analizar la conferencia daría para todo un ensayo. Yo me quedaría con ese recuerdo sobre la actitud de Sacristán en una mesa redonda que en la parte del debate no estuvo a la altura de esa actitud. (Puede constatarse en la publicación de la conferencia en Seis conferencias. Sobre la tradición marxista y los nuevos problemas, de la que tú precisamente fuiste el editor).

En el detalle, hay cuestiones que me parece que Sacristán no domina todavía, como la cuestión de cuál era el calificativo que Lenin daba al estado revolucionario soviético, discrepante del de Pannekoek (una revolución burguesa) y también del de Stalin (comunismo en un solo país), que no pretendía sacarlo de la teoría sino de la realidad: un capitalismo de estado en un estado que no era capitalista, que quería representar los intereses de trabajadores y campesinos pobres, durante la transición hacia la reactivación de la revolución en Europa; o esa cifra sobre los muertos bajo el terror estalinista, la de los sesenta millones de muertos, que está muy por encima de la real, aunque como diría Sacristán lo que importa no fue la cantidad sino la naturaleza y el ejercicio despótico de ese terror».

1. Leninismo y estalinismo. A: rasgos comunes.

1.1. A menudo se oye hablar de estalinismo como de algo distinguible sin dificultad y situado en un tiempo bien delimitado.

1.2. Pero quienes se interesan por la cuestión saben que no es así.

1.2.1. Por ejemplo, el primer día de este ciclo alguien recordó hechos despóticos bajo Lenin: Majno, Kronstadt, X Congreso, todo en 1920, hasta la primavera de 1921.

1.2.2. Por lo demás, si se quiere buscar más lejos se encuentra la célebre frase de Engels y, sobre todo, los hechos históricos que ella recoge

1.2.2.1. Claro que se puede decir que Lenin no habría seguido así mucho tiempo.

1.3. Pero, de todos modos, todo eso debe impedir contentarse con el cuadro ingenuo de un leninismo bueno y un estalinismo malo.

2. Leninismo y estalinismo. B: diferencias muy visibles.

2.1. Por otro lado, no faltan diferencias muy visibles.

2.2. La cantidad de poder acumulada en el centro del sistema estalinista: economía estatalizada fundida con poder estatal centralizado y con poder de partido único.

2.2.1. Lenin no tuvo nunca tanto poder.

2.3. La orientación fundamental del terror contra la vieja guardia bolchevique y

2.4. El apoyo en el nacionalismo ruso. Todo relacionado con

2.5. El cinismo ideológico.

3. Leninismo y estalinismo. C. la diferencia principal.

3.1. Hay que decir que también esos rasgos nuevos del período de Stalin tienen raíces, y hasta precedentes, anteriores.

3.2. No sólo ruso-zaristas, «orientales» (Lenin).

3.3. Sino también aparecidos bajo Lenin, p. e.:

3.3.1. Concentración de poder por el militarismo subsiguiente a las guerras.

3.3.2. Incluso la tendencia a la deformación ideológica, porque aquello no era lo que entendían por socialismo ni revolución socialista.

3.3.2.1. Es verdad que en Marx había otra concepción posible, pero los leninistas lo ignoraban.

3.3.2.2. Lo dijeron muchos, y con tres tendencias: Kautsky, Gramsci, Pannekoek.

3.4. Pero éste es precisamente el punto de la diferencia

3.4.1. Lenin espera la revolución mundial, ve la novedad como desfase e incluso tal vez fracaso (después de error gordo). Al final:

3.4.1.1. Intenta una nueva concepción (Bujarin?)

3.4.1.2. Y se hunde en una enfermedad (muda)

3.4.2. Stalin canoniza el estado de necesidad forzándolo en las viejas palabras, que quedan violadas

3.4.2.1. «Comunismo en un solo país» (chiste Zinoviev); el socialfascismo; el pan no-mercancía; reducción de «socialismo».

3.4.2.2. En suma, pragmatismo, falsedad como teoría.

3.4.2.3. Falta de principios que explica también la diferencia de crueldad.

4. Sobre las raíces del estalinismo.

4.1. El viejo tema del atraso: verdad sustancial que se puede precisar.

4.2. La acumulación originaria «socialista» (Preobrazhenski) no es socialista en el sentido de Marx ni tradicional.

4.21. En esto llevaba razón la vieja izquierda de los veinte.

4.3. Sin embargo, la acumulación originaria no se producía bajo la vieja clase dominante, sino bajo un nuevo grupo dominante que se va constituyendo.

4.3.1. En esto se equivocaba la vieja izquierda de los veinte, y aciertan críticos contemporáneos: Bettelheim, Martinet.

5. Sobre actualidad del estalinismo.

5.1. El análisis de Martinet para países tercermundistas.

5.1.1. Somalia es un ejemplo estupendo.

5.1.2. Tiene algo débil: la estatalización.

5.2. En Occidente, sus restos son ideológicos, de dos tipos:

5.2.1. Alucinados

5.2.2. Pragmatistas. Pues el socialismo sin destrucción del poder del capital ydel estado es tan ideológico como el comunismo en un solo país.

5.3. La esperanza es que la revisión crítica del estalinismo haya sido el punto de partida de una revisión crítica de toda la tradición obrera marxista, recordando el dicho de Marx y el último Lenin.

En el rato que dedicamos al tema cada uno de nosotros [Manuel Vázquez Montalbán y él mismo] es claro que es imposible intentar una caracterización muy completa de un hecho histórico tan complicado como ha sido el estalinismo porque, aunque a menudo se oye hablar de estalinismo como si fuera un hecho fácil de delimitar, fácil de definir, del que se pudieran dar con exactitud o con aproximación fechas, de todo modos a mí me parece que toda persona interesada de verdad en el tema sabe, a poco que se haya ocupado de él, que las cosas no son así, que ni es fácil una delimitación del concepto de qué fue o qué es el estalinismo ni tampoco es fácil dar fechas.

Esto ya salió a colación en el primer día del ciclo. Uno de los que estaban intervino para recordar, por ejemplo, hechos despóticos, hechos digamos «estalinistas», de los que se suelen calificar de estalinistas, bajo el gobierno directo de Lenin. Y se pueden recordar otros, incluso alguien de la mesa recordó algunos: los problemas con el movimiento de Majnó, si no me equivoco los recordó Solé Barberà, y personas que estaban abajo recordaron hechos como el de Kronstadt me parece, y también, en cierto sentido, el X Congreso del Partido Bolchevique, es decir, la prohibición de la organización de fracciones y tendencias.

Vale la pena decir que todo esto, los tres ejemplos que salieron el otro día y que yo repito ahora, ocurrieron en un lapso de meses bastante corto: todas esas cosas habían pasado a lo largo de 1920 hasta la primavera de 1921. Y, por lo demás, no es nada difícil buscar también más lejos. Cualquiera que quiera buscar incluso más lejos de estos primeros años de gobierno soviético, se puede encontrar, en la generación anterior de clásicos del marxismo, con la célebre frase de Engels según la cual no hay nada más autoritario que una revolución. Y lo que es más serio: uno encuentra los hechos que hay debajo de esta frase de Engels. No sólo es su frase sino que está bien documentada históricamente por todas las revoluciones que conocemos.

Es verdad que ante todo este complejo de hechos que caen bajo el gobierno directo de Lenin y del viejo equipo bolchevique, y que reproducen esa especie de síntesis histórica que puede ser la frase de Engels acerca de que toda revolución es un hecho sumamente autoritario, se puede argumentar: pero, de haber seguido Lenin y los viejos bolcheviques en el poder soviético, eso habrían sido sólo fenómenos de la época revolucionaria, no se habrían eternizado como se eternizaron hasta muy cerca de nuestros días bajo el gobierno de Stalin y de su equipo. Y eso es verdad. Pero, de todos modos, el recuerdo que ya se hizo ayer de todos estos hechos de tipo despótico, y hasta en algunos casos crueles, antes de lo que con cierto sentido común se puede llamar «estalinismo», debería por lo menos enseñarnos a no dibujar un cuadro ingenuo, contraponiendo por un lado una cosa perversa que sería el estalinismo, y, por otro, una muy pura e inocente que sería el leninismo histórico.

Dicho esto, de todas maneras hay que añadir en seguida que no faltan diferencias muy visibles entre el leninismo y el estalinismo históricos, entre el leninismo real, digamos, el que existió, y el estalinismo también real. Por limitarme también en este breve repaso a cosas que todos tenemos seguramente más o menos presentes, concentraría las diferencias más visibles en torno a éstas:

Por una parte, la cantidad de poder acumulado en el sistema estalinista. Cuando se puede considerar que el sistema estalinista está ya cuajado, es decir, al final de los años treinta, poco antes de que estalle la Segunda Guerra Mundial, el sistema estaliniano es, visto socialmente, una economía muy estatalizada, que al mismo tiempo está fundida indisolublemente con un aparato de Estado muy centralizado a su vez. Y para acabarlo de arreglar, además, ese aparato de Estado muy centralizado está prácticamente fundido con las instancias directoras del partido político único. La concentración de poder que sale de eso, cuando ya la economía está funcionando, es desde luego algo muy superior a lo que conoció Lenin en su vida. En la época leninista en sentido estricto, nunca se ha concentrado en manos del poder central una cantidad de fuerza semejante.

Ése sería el primer rasgo diferenciador de los muy visibles, de los que se aprecian ya a primera vista: la diferente concentración de poder. El segundo [rasgo] que me interesaría subrayar, sin perjuicio de que se podría hacer con otros (lo que hago es abreviar, de modo que pueda recoger el mayor número posible de detalles), diría, pues, que otro rasgo diferencial es que aunque sin duda la Cheka se haya fundado bajo Lenin, aunque sin duda haya habido ya bajo Lenin, en el leninismo clásico, fenómenos tan dolorosos como el de Kronstadt, por ejemplo, y muchos otros, sin embargo, el terror bajo la época de Stalin se diferencia en que tiene como principal orientación el ser un terror contra la vieja guardia bolchevique, contra el mismo partido. No quiero decir con eso que me vaya a olvidar de los millones de simples ciudadanos soviéticos que sufrieron ese terror y que han vivido y muerto en los campos de trabajo de la época estaliniana, pero lo que sí quiero subrayar es que lo radicalmente nuevo del período estaliniano es que se puede apreciar claramente que todo ese terror tiene como punta más definida la liquidación de la vieja guardia bolchevique.

Esto los hombres de la época lo vieron muy bien. La gente que se salía asustada de alguno de los partidos comunistas en la época ha dejado recuerdos e imágenes muy impresionantes acerca de los nuevos funcionarios, de una temible joven guardia «con correajes de cuero nuevo», según la frase de un célebre escritor de la época, cuya principal tarea en el seno del partido comunista ruso había sido el asesinato de los viejos bolcheviques, de los viejos bolcheviques o de la vieja dirección soviética, incluido Trotski, naturalmente, y muy destacadamente.

Este sería el segundo rasgo: la represión, hasta llegar al terror, se ha ejercido además contra el mismo partido y, señaladamente, contra el equipo de los viejos bolcheviques.

El tercer rasgo sería, en mi opinión, el apoyo del estalinismo en el nacionalismo ruso. Al mismo tiempo que, en medio de una campaña de desprestigio, mueren bajo el estalinismo los miembros de la vieja guardia bolchevique, al mismo tiempo, sin embargo, el régimen busca y obtiene un apoyo en un elemento hasta entonces inverosímil en un partido marxista; a saber: en el patriotismo, en el nacionalismo de las masas no comunistas.

Todo ello está relacionado con un último rasgo que yo daría, muy diferenciador de cualesquiera que hayan podido ser las durezas y violencias de la época del poder soviético en vida de Lenin. Este cuarto rasgo se desprende un poco de los anteriores: es el cinismo ideológico, la completa despreocupación del equipo director estaliniano respecto de las cosas que dice. Esto lo detallaré un poco más adelante. Para él, la ideología y la teoría es una pura cobertura de cada momento de las necesidades prácticas, con un desprecio por la teoría que el equipo leninista jamás había sentido. Más bien el equipo leninista, si en algo había pecado en eso, era de todo lo contrario, de una costumbre, muy de intelectuales por lo demás, de estarse siempre fijando en todos los detalles de la teoría.

Hay que decir, de todas maneras, que esos rasgos diferenciadores, esos rasgos nuevos, propiamente estalinianos, tal como los he resumido hace un momento –repito que sin creerme con esto haber hecho nada ni definitivo ni completo, sino algo que pueda caber en media hora–, esos rasgos, a pesar de que los considero nuevos, reconozco, y creo que hay que reconocer, que tienen raíces y precedentes en el período anterior. No sólo precedentes zaristas, no sólo precedentes orientales, como decía Lenin, el cual él mismo ha notado ya antes de morir, en su propio período de gobierno, hasta qué punto se parecían algunas conductas de los nuevos funcionarios a las conductas de los viejos funcionarios, de los funcionarios zaristas, hasta qué punto eran los mismos en gran parte, y hasta qué punto se les parecían los que no eran los mismos.

Pero no me refiero sólo a eso. Me refiero a precedentes de esos rasgos estalinistas que no vienen de la Rusia zarista sino que han nacido bajo el gobierno de Lenin. Por de pronto, aunque antes he dado como un rasgo diferencial del estalinismo la enorme concentración de poder por comparación a lo que ha........

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