Reflexión sobre una política socialista de la ciencia
En esta nueva entrega del Centenario Manuel Sacristán publicamos el texto de una conferencia pronunciada por Sacristán en 1979 sobre política socialista de la ciencia.
Nota del editor.- Publicamos a continuación el texto de una conferencia dictada el 17 de mayo de 1979 dentro de unas jornadas sobre filosofía española organizadas por la Facultad de Filosofía de la UB en las que participaron, entre otros, Emilio Lledó, Gustavo Bueno y José Mª Valverde. El tema de esa conferencia, en la que Heidegger estuvo muy presente en los compases iniciales de su intervención, versó sobre una política socialista de la ciencia que entronca directamente con sus reflexiones y observaciones sobre el papel de la tecnociencia contemporánea en nuestras sociedades contemporáneas.
[…] paso en seguida a dos observaciones previas a mi asunto de hoy, el de reflexiones sobre una política de la ciencia socialista, solo una de las cuales puede valer como captatio benevolentiae, que decían los antiguos, solo una de las cuales puede servir para pedir disculpas.
[…] La segunda observación, que esa sí tiene la intención de buscar complicidad con los demás, se debe a mi deseo de dedicar un par de minutos a subrayar que un tema como este es un tema filosófico, que esto es filosofía de todos modos, a pesar de que la redacción del texto, hecha con un poco de precipitación, no lo sugiera a primera vista. Esto es un asunto altamente filosófico. Primero porque es un asunto de vida cotidiana, es un problema de vida cotidiana este de la política de la ciencia. No es un problema encasillable en ninguna especialidad científica. Los problemas cuya resolución solo se puede conseguir en la práctica de la vida cotidiana son, por regla general, problemas siempre con muchas implicaciones metafísicas y valorativas, salvo en sus aspectos más modestamente técnicos, no resolubles por vía positiva, positiva en el sentido en que se dice eso de las ciencias que ponen sus objetos y sus primeros conceptos y proposiciones.
En realidad, estas cuestiones que solo se pueden resolver en la vida cotidiana dejan ver muy claramente que, contra la ilusión de una respetable tradición filosófica entre la que cuento a uno de los pocos que considero que han sido maestros míos, que me han enseñado algo, Scholz, el metafísico y lógico protestante de Westfalia de la primera mitad de siglo, contra lo que ellos han esperado, no existe la posibilidad de una metafísica como ciencia rigurosa. Se empieza intentando hacer metafísica como ciencia rigurosa y al final resulta una modesta lógica en el último capítulo. Metafísica de verdad no es ciencia rigurosa, es filosofía en el sentido más tradicional y amplio de la palabra.
Con esa observación no pretendo, como es obvio, hacer anticientificismo sino todo lo contrario. Lo que supongo es que intentar hacer metafísica como ciencia rigurosa es no saber qué es ciencia y, consiguientemente, practicar también mala metafísica.
Este es el primer motivo por el cual un problema como el de la política de la ciencia, realmente resoluble solo en la práctica de la vida, es, en mi opinión, eminentemente filosófico, y la segunda razón, más académica, más para estas cuatro paredes, es que todo planteamiento metacientífico que trate sobre la ciencia ha sido siempre distrito filosófico muy cultivado por los filósofos.
Hechas estas dos observaciones, para entrar en el centro del asunto, me resulta útil recordar brevemente cómo han sido tratados filosóficamente estas cuestiones indirectamente científicas o reflexivamente científicas, no de ciencia en sentido directo sino de ciencia en sentido reflejo, de metaciencia en definitiva. Si me interesa hacer cinco minutos de historia es porque pienso que es la manera más práctica para indicar luego o subrayar un matiz peculiarmente contemporáneo nuestro que no está en la tradición.
Globalmente creo que el filosofar sobre problemas de la ciencia ha solido discurrir por una de dos vías, cuando no por dos a la vez, según dos planteamientos. Un planteamiento que reflexiona sobre la relación entre la ciencia y la cultura en general, entre el conocer científico y el comprender global el mundo y la vida, o, cuando el término de comparación con la vida no está visto positivamente sino condenatoriamente, la relación entre ciencia y alienación. Puesto que supongo que estamos en mayoría entre gente del gremio de filosofía, para justificar que este es un viejísimo planteamiento de temas secundariamente o reflexivamente científicos en filosofía, recordaré el fragmento 40 de Heráclito en la edición de Diels. El fragmento que dice: «El haber aprendido muchas cosas no enseña a tener entendimiento». Creo que es quizás la formulación más antigua de la contraposición entre la noción que un filósofo tiene de lo que es conocimiento científico y la noción que él tiene del «saber a qué atenerse» que habría que tener, por parafrasear la conocida frase de Ortega, la concepción que él tiene........
