Ágnes Heller
En esta nueva entrega del Centenario Manuel Sacristán reproducimos el prólogo que Sacristán escribió para el libro «Historia y vida cotidiana» (Grijalbo, 1972).
Nota del editor.- Este texto, escrito en 1971, constituye el prólogo del libro de Ágnes Heller Historia y vida cotidiana (Grijalbo, 1972), traducido por el propio Manuel Sacristán, y publicado con el título de ‘Ágnes Heller’. Está incluido en Sobre Marx y marxismo (Icaria, 1983).
Ágnes Heller trabaja en el Instituto Sociológico de Budapest, es miembro del consejo de la revista Praxis y fue de 1955 a 1958 ayudante de Lukács en la Universidad. Lukács ha prologado el estudio más amplio de Ágnes Heller sobre el problema de la vida cotidiana, cuya edición en lengua castellana está en preparación. Libros y artículos de Ágnes Heller han sido traducidos a las lenguas alemana, inglesa, francesa, italiana, serbocroata, checa, polaca y rumana. El conjunto de ensayos Historia y vida cotidiana que aquí se presenta es el primer libro de Ágnes Heller en castellano. Otras obras destacadas de la autora son: El problema del egoísmo racional; Rol social y prejuicio; La ética de Aristóteles y el ethos antiguo; El hombre del Renacimiento; la ya aludida Vida cotidiana; y, el ensayo Hipótesis para una teoría marxista de los valores.
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Al doble interés que tienen para el lector marxista occidental los trabajos teóricos que se producen en los países de base no-capitalista –el interés que merezcan por su contenido y el que presenten como documentos– se añade otro más en el caso de Ágnes Heller: la escritora húngara trabaja en continuidad con una precisa tradición marxista principalmente configurada por un «clásico de tercera generación»: Georg Lukács. Continuidad de una tradición realmente productiva, que intervenga como tal, como un motor claramente identificable, desde hace medio siglo, en la corriente general del pensamiento teórico marxista no es cosa que se dé en muchos lugares. Uno de ellos es Budapest. Y aquí la idea de continuidad tiene, además, un acento peculiar: en el trabajo de Ágnes Heller, lo mismo que en el de Lukács, la continuidad individual es parte de un constante esfuerzo por dar continuidad al mundo, por impedir que la crisis del capitalismo sea una cesura histórica insanable.
El lector que ha crecido desde otras raíces puede tener la impresión de que la voluntad de continuidad histórica de ésta que convendría llamar escuela de Budapest acarree a veces cierto conservadurismo cultural, por una confianza aristocratizante en que «lo mejor» apuntó desde siempre al comunismo. El clasicismo de los moldes filosóficos utilizados por Ágnes Heller –también en esto muy representativa del marxismo húngaro– se encuentra entre los agentes más visibles de esa impresión. Pero ésta no es propiamente una cuestión de tesis, sino de sensibilidad intelectual. Por ejemplo, en un importante artículo titulado «La teoría revolucionaria de Marx y la revolución de la vida cotidiana»1, Ágnes Heller, tras incluir entre las objetivaciones necesarias e inmediatamente específicas2 la política, el derecho, la religión, la filosofía y el arte, declara categóricamente: «No hay duda de que sería una utopía retrógrada el fijar una perspectiva histórica en la cual la vida cotidiana reabsorbiera de nuevo las objetivaciones inmediatamente específicas». Si se tiene en cuenta la definición de «vida cotidiana» por Ágnes Heller –«La vida cotidiana es la totalidad de las actividades que caracterizan las reproducciones singulares productoras de la posibilidad permanente de la reproducción social»– y si, por lo que hace al método, no se tiene nada importante que objetar a la distinción entre reproducción singular y reproducción social, se podrá convenir en ese juicio. Pero cualquier sensibilidad un poco corrida en la realidad capitalista contemporánea se sentirá incómoda por la positividad aproblemática con que aparecen en el texto las objetivaciones socio-culturales. La fusión de la publicidad con las pulsaciones del gusto y con la producción literaria, artística e ideológica en una magma mercantil de constante y falso cambio facilita al marxismo en los países capitalistas una experiencia, quizás insustituible, que ha de hacerlo más reticente también respecto de la subcultura superior o académica. Pero este lector de aquí notará pronto que esa punta de extrañeza, aunque trasluce una diferencia de situación, no manifiesta ningún abismo, ni siquiera una diferencia fija. Sería un error entender ciertos modos de decir (sin duda más confiados de lo que en una sociedad capitalista parece posible) como síntomas de conformismo teórico o práctico. El mismo artículo en el que aparece la formulación para nosotros demasiado confiada sobre la naturaleza de las objetivaciones socioculturales institucionalizadas afirma a renglón seguido que «aceptar para siempre la alienación de la vida cotidiana respecto de las objetivaciones directamente específicas sería renunciar a la teoría revolucionaria de Marx». Por lo demás, el mismo planteamiento del tema actualmente más cultivado por Ágnes Heller y al que pertenecen los textos aludidos –el problema de la vida cotidiana– muestra un pensamiento perceptivo de las novedades reales y muy eficaz en el análisis de los fundamentos de éstas. La explicación por Heller de la actualidad del tema de la vida cotidiana entre los marxistas desde la amplia investigación del volumen II de la Estética lukácsiana, que roturó realmente la problemática, es una muestra de reflexión particularmente productiva.
Para Ágnes Heller, la preocupación por la cotidianidad se impone al pensamiento marxista por causa «del abrupto final, en el mundo capitalista, de la época optimista y llena de ilusiones que siguió a la derrota del fascismo, así como por causa de que esa derrota no suscitó una nueva Europa de izquierda». El agotamiento de lo que Thomas Mann llamó «la época moralmente buena», la época en la cual «la lucha colectiva contra la extrema deshumanización nazi dio a los hombres comunidad, objetivo inmediato, sostén moral», contempla una nueva consolidación del capitalismo, y este «éxito provisional y relativo de la manipulación […], conseguido al hilo de la satisfacción de ciertas necesidades, da una importancia central a la crítica de la vida cotidiana y del pensamiento cotidiano».
No deja de ser notable que venga de Budapest una explicación tan clara (por más que lacónica) de un hecho........
