Vivir como un cerdo, morir como un perro
En 1912 el escritor León Bloy publicó la segunda serie de su Exégèse des lieux communs (Exégesis de los Lugares Comunes). Uno de los capítulos comenzaba con una interrogante: “Es lícito preguntarse a uno mismo, e incluso preguntar a otros, por qué un hombre que ha vivido como un cerdo desea no morir como un perro”.
Bloy, que había pasado por una etapa de ateísmo, se volvió un católico radical que veía en su fe la fuente de inspiración para criticar a la burguesía con sus desfiles de hipocresía. Las opiniones del escritor vertidas en sus obras muestran que el ataque contra los males de la desigualdad no es privativo de la izquierda radical, sino que se engloba en un sentimiento que puede ser transversal a la sociedad.
Morir como un perro implica estar fuera de la institución católica, pero vivir como un cerdo va directamente dirigido contra la burguesía y los detentadores del capital, su desprecio por las clases populares y la utilización de éstas como motor para la acumulación mientras los mantienen en condiciones precarias de existencia.
El novelista, juzgado como en estado vesánico por sus colegas, podría ser considerado una anomalía dentro del intelectualismo francés de la época, sin embargo, Bloy, no es una influencia menor para los partidos políticos de corte religioso como son los demócratas cristianos, quienes lo ven como una inspiración para la lucha contra los males del capitalismo.
Hay que tomar en cuenta que uno de los referentes intelectuales de la democracia cristiana fue Jacques Maritain, quien fue profundamente influenciado por la obra de Bloy, al cual conoció personalmente.
La reacción visceral del odio contra la miseria, pero también en........
