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Los resultados de un mundo ahogado en la intolerancia de extrema derecha

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El año nuevo se presenta movido. Propaganda desencadenada, guerra focalizadas, diplomacia al borde del ataque de nervios, «primaveras», secuestros y saqueos. En cualquier punto del mapa algo puede salirse de control y provocar «ese aleteo de mariposa» que en el otro extremo del planeta pueda convertirse en huracán.

Los grandes bloques se enfrentan lejos de casa. Las periferias del mundo están bajo la mira. El cambio de paradigma, primero desestabiliza, luego da paso al mecanismo multipolar, y en este proceso quedarán atrás muchas víctimas.

Las amenazas de EEUU a Dinamarca no son una tontería. La euroburguesía se lamenta con suspiritos políticamente correctos pero no irá más allá de los comunicaditos. Es muy grave el asunto.

«Por la buenas o las malas» – Trump dixit- no es una frase que pueda dejarse pasar tan ligeramente. La dirigencia política europea no ha demostrado hasta ahora un mínimo de dignidad. Pocas voces se oponen con firmeza, entre ellas resaltan aquellas de algunas dirigencias políticas intermedias, militares incluso OTAN, intelectuales marginados de los medios, no aquellas de los jefes de Gobierno, en general. Mandatarios como la italiana Meloni simplemente dijeron que «no creen que EEUU provoque una ocupación militar», y así se lavan las manos y se mantienen en el «círculo de la confianza» con Trump.

Es acoso verbal lo del presidente yanqui, y, en principio, no puede ser aceptado pasivamente. Además, está penado por la ley. Agrede la dignidad de las personas. Si Trump debe elegir, optará con hacerse de Groenlandia en vez de mantener la OTAN. La alianza le hace........

© Rebelión