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«Venezuela merece la libertad»

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tuesday

Durante los últimos días hemos oído y leído una gran cantidad de declaraciones en contra de la intervención militar realizada por Estados Unidos, con la intención de capturar a Nicolás Maduro y ser enjuiciado en el país americano por conspirar para el narcotráfico de cocaína y otros delitos. Como la orden fue dada directamente por el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, éste se ha convertido para la izquierda internacional, y la española en particular, en el demonio tridentino por antonomasia. Lo chocante es que los que más le critican, son los partidos políticos como Podemos, Sumar y el PSOE que no creen en los valores de las democracias occidentales. Les voy a recordar un par de cosas acerca de lo que debe representar un gobernante, para que valoren si el opresor y tirano venezolano merecía seguir en el poder.

En el año 633 el rey Sisenando convocó el IV Concilio de Toledo, que fue presidido por San Isidoro de Sevilla. En su canon LXXV se establece la limitación de poderes del monarca. Luego fíjense si ya tenían claro en la Antigüedad Tardía que el gobernante ha de estar sometido a la ley, de igual forma que lo estaban sus súbditos.

Siglos después, concretamente en el XVI, el teólogo, jurista e historiador español, Juan de Mariana declaró que el ser humano, al nacer, tiene unos derechos naturales y una dignidad, siendo la libertad unos de estos derechos. El padre Mariana llegó más lejos que los antiguos visigodos y postuló ciertas normas que creo conveniente escribir de forma literal, para que el lector pueda entender el alcance de las mismas, a la vez que compruebe la absoluta modernidad que tienen. Con respecto al poder limitado del rey (gobernante) dijo:

“Podrán los reyes cuando lo exijan las circunstancias, proponer nuevas leyes, interpretar o suavizar las antiguas, suplirlas en los casos que se haya previsto; más nunca, como pienso que haría un tirano, cambiarlas a su antojo y acomodarlas a sus caprichos y a sus intereses sin respetar nada las instituciones y las costumbres patrias. Los príncipes legítimos no deben obrar........

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