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César Valdeolmillos Alonso: «Ceuta en la garganta, la lenta amputación de la España viva»

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28.08.2026

«Hay personas que no pueden ver la patria sino en un mapa; yo no puedo verla sino en el rostro de mis hermanos, en su dolor y en su carne.». Miguel de Unamuno

Hay cosas de las que resulta imposible escribir desde el frío despacho de la razón de Estado, ni con el cálculo numérico del estratega de salón, sino desde la propia entraña. Desde esa trágica conciencia de que la patria no es una simple frontera pintada en la cartografía, sino un cuerpo humano completo. Un cuerpo que respira, que sufre y que sangra. «Me duele España», clamaba Miguel de Unamuno desde lo más hondo de su ser; y aquel no era un lamento literario ni una pose intelectual, sino el grito de agonía de quien se sabe carne de esa misma tierra. Hoy, ese dolor no es una abstracción: tiene un nombre y una geografía concreta. España duele en Ceuta. Duele en sus calles angustiadas y en sus vecinos desamparados, no como se duele una lejana propiedad administrativa, sino como duele la mano que empieza a perder el riego de la vida.

Si uno fuera ceutí en estos momentos, el aire mismo resultaría irrespirable. Para comprender la magnitud de lo que allí acontece no hace falta ser un analista geopolítico ni un adivino agorero; basta con ponerse en el pellejo de quien ve cómo su propio hogar se desmorona sin que nadie acuda en su auxilio. Piense el lector por un instante lo que significa levantarse cada mañana en una ciudad pequeña y estrecha y encontrarse con miles de personas deambulando sin rumbo ni control por sus barrios. Piense en la angustia de las familias en El Tarajal, en la barriada de El Príncipe, en Lomas Colmenar o en Margarita, viendo cómo la normalidad salta por los aires y la sombra del allanamiento se proyecta sobre sus comercios y sus propias casas.

En las calles de Ceuta hoy reina el miedo. No es un temor infundado ni un prejuicio inventado por la distancia; es la cruda realidad de madres y jóvenes que se ven obligadas a organizarse en grupos para salir a la calle, temiendo por su integridad física ante la actitud crecientemente hostil de quienes han ocupado la ciudad al margen de la ley. La vida cotidiana se ha convertido en una carrera de obstáculos por la supervivencia. Ya se denuncian asaltos y ocupaciones sin que la autoridad reaccione con la contundencia debida. ¿Acaso alguien tendría la osadía de criticar al ceutí que, acorralado por esta inseguridad social, sanitaria y económica, sienta que el suelo se hunde bajo sus pies? ¿Quién podría reprocharle a un padre de familia que por defender su presente y su futuro valore vender lo poco que tiene para huir a la península y poner a salvo a los suyos?

El sarcasmo del poder y el insulto al herido

Lo verdaderamente trágico, lo que enardece las entrañas de cualquier ciudadano biennacido, no es solo el embate que llega de fuera, sino la humillante respuesta que se recibe desde dentro. Frente al incendio que quema las entrañas de Ceuta, el Gobierno presidido por Pedro Sánchez ha reaccionado con una combinación intolerable de parsimonia y paternalismo. Pedir a los ceutíes que «arrimen el hombro» y estén dispuestos a esperar al menos........

© Periodista Digital