Lo natural y lo antinatural
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Hoy he querido releer mis notas de aquellos días…; ver qué es capaz de escribir una persona al pasar por uno de los peores trances de la vida. Un trance que no por esperado y anunciado, duele menos: La muerte de la madre; una asignatura pendiente que adquirimos nada más nacer, y que, por mucho que nos expliquen y cuenten, por mucho que lo hayamos imaginado, no sabemos lo que es hasta que lo pasamos.
Resuenan en mi mente, como si fuera ahora, las palabras que estuve oyendo durante aquellos grises días: ‘Ahora tu madre descansa…’ ‘No sabes cuánto lo siento…’ ‘Ya no sufre…’ ‘Está en un mundo mejor…’ Palabras bien intencionadas que en esos momentos oímos como una música de fondo; dolidas, cariñosas, sentidas…; pero lejanas, muy lejanas.
Porque en esos momentos todo a nuestro alrededor se apaga; se hace pequeño. Nada brilla. Las luces oscurecen, mientras las palabras…, los sonidos, poco a poco, respetuosos callan, dejándonos solos con nuestras silenciosas lágrimas, mientras nuestra alma flota en un frío vacío, arañando la nada.
Pero al final, por doloroso que sea, nada que ver con el desgarro que produce enterrar a un hijo; porque para eso sí que no hay palabras; no hay consuelo, salvo que medie Dios, o la locura.
Y es que es brutalmente antinatural cuando se revierte el orden natural de las cosas, y no son los hijos quienes entierran a los padres, sino los padres a los........
