Se mira a la nube y hay que mirar al mar
La nube (cloud computing) ha cobrado un protagonismo innegable en nuestro día a día. Nuestros contactos, nuestras fotos, vídeos, música, trabajos escolares, informes de trabajo… todo tiene su hueco en la nube, por no hablar de la computación que requiere la Inteligencia Artificial (IA) que se realiza. Sin embargo, es en el mar donde se produce la mayor actividad, hasta el punto de que “el 99% del tráfico internacional de internet pasa por cables submarinos”. Así lo expresó este año Tomas Lamanauskas, vicesecretario general de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), durante la celebración en Oporto (Portugal) de la Segunda Cumbre Internacional sobre la Resiliencia de los Cables Submarinos.
Desde que en 1850, Inglaterra y Francia se conectaron por primera vez mediante un cable telegráfico submarino, el despliegue de cableado submarino se ha extendido y podría dar la vuelta al mundo varias veces. A cientos de metros bajo la superficie del océano se extienden 1,7 millones de kilómetros de fibra óptica, convertidos en auténticas autopistas de información de las que depende la economía global. No en vano se estima que diariamente mueven transacciones financieras por valor de 10 billones de dólares. En la opinión pública, se tiende a pensar en los satélites más que en este cableado, pero lo cierto es que este último ha terminado por ser mucho más crítico para el funcionamiento de internet, con todo lo que ello implica.
A nivel global existen más de 500 cables submarinos comerciales, del grosor similar al de una maguera de jardín, que conectan continentes, mercados y hogares. ¿A qué riesgo de avería se enfrentan realmente esta infraestructura? Según la UIT, cada año se producen entre 150 y 200 incidentes, lo que supone una media de tres o cuatro por semana. No todos ellos tienen la misma repercusión, pero algunos pueden tener........
