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El Carnaval: entre la celebración y la evasión

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19.02.2026

El Carnaval tiene la virtud de unir cada rincón de Bolivia. Durante estos días, el país entero, hace una pausa en sus preocupaciones. Pareciera que, por un instante, las tensiones sociales, económicas y políticas quedaran suspendidas.

El esfuerzo de todo un año, los ahorros guardados con sacrificio y la ilusión de un baile o un viaje, se transforman en una energía desbordante. Para muchos, el gran objetivo compartido es brillar en una comparsa o participar en una entrada. Ya sea en Oruro, Tarija o Santa Cruz, la entrega es total: meses de preparación, una inversión significativa y una expectativa que se renueva cada año.

Sin embargo, esta pasión revela una realidad: nuestra planificación anual suele girar más en torno al próximo Carnaval que a proyectos personales o comunitarios de largo plazo. Ahorramos con una disciplina admirable para el traje, la banda y el convite; no obstante, esa misma constancia no siempre se traduce en inversión productiva, formación académica o iniciativas que trasciendan los días de fiesta.

El Carnaval es identidad, tradición y un motor económico innegable. Genera empleo, dinamiza el comercio y proyecta nuestra imagen al mundo. Pero también expone nuestras contradicciones: mientras unos disfrutan desde la comodidad de graderías exclusivas, otros trabajan jornadas largas para sostener el espectáculo. La devoción y el orgullo conviven con el consumo excesivo, la presión social por “estar a la altura” y, en ocasiones, un endeudamiento silencioso que dura meses.

Cuando el Carnaval termina, volvemos a la rutina y a los problemas que quedaron en pausa. Lejos de cuestionarnos, empezamos a contar los días para la siguiente edición. Es un círculo de pertenencia que nos llena de orgullo, pero que también debería invitarnos a una reflexión.

Celebrar no es el problema; la celebración es parte de nuestra esencia. El desafío surge cuando la fiesta se convierte en nuestra única meta compartida. El reto está en equilibrar la pasión cultural con una mirada responsable y consciente. Que la unidad que demostramos en Carnaval sea capaz de sostenerse también cuando la música se apaga, y que seamos capaces de construir proyectos de vida que no se resuman únicamente a cuatro días de espuma y danza.

Abogada. Directora de la Oficina Jurídica para la Mujer y la Fundación Kallpa


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