La Traición como Política: Rodrigo Paz y su estafa representativa
Si esto no es traición a la democracia, ¿qué es? Hay momentos en la política en los que no hace falta retórica, sino memoria. Los hechos, en este caso, son simples y contundentes. Paz llegó al poder en gran medida gracias a la legitimidad popular de Lara, quien era el verdadero motor electoral de la fórmula. Durante la campaña, Paz prometió un conjunto específico de políticas que motivaron millones de votos. Ganaron. Y una vez en el poder, Paz hizo exactamente lo contrario de todo lo que prometió, adoptando precisamente el programa de los candidatos derrotados. Como si esto fuera poco, marginó sistemáticamente a Lara, lo apartó de toda decisión relevante, le recortó facultades y rompió la fórmula que había legitimado su victoria.
Para entender la gravedad de lo que está ocurriendo, vale la pena recurrir a quien sigue siendo una de las teóricas más importantes sobre representación democrática: Hanna Pitkin. En su obra fundamental The Concept of Representation de 1967, Pitkin establece con claridad meridiana que la representación genuina requiere dos elementos operando simultáneamente: el representante debe actuar por los intereses de los representados, y hacerlo de manera receptiva a sus necesidades y preferencias. No es suficiente ganar una elección. No es suficiente tener autorización formal. La representación es una actividad sustantiva, no un título que se obtiene una vez y ya. Es una relación que debe mantenerse a lo largo de todo el mandato.
Bajo esta luz, Paz no está representando a nadie excepto a quienes fueron derrotados en las urnas. No actúa por los intereses de quienes lo eligieron, sino contra ellos. No es receptivo a sus preferencias, las ignora deliberadamente. Utilizó a Lara como instrumento electoral, aprovechó su legitimidad popular para ganar, y luego lo descartó. Las promesas de campaña resultaron ser pura mentira calculada. Esto no es ejercer juicio independiente, como algunos pueden pretender argumentar. Esto es fraude representativo. Más aún, según Pitkin, la representación genuina preserva dos autonomías: la del representado —capacidad de autorizar y exigir rendición de cuentas— y la del representante —capacidad de ejercer juicio independiente. En el caso de Paz, ambas se ven comprometidas: la autonomía del representado se viola porque fue engañado con promesas que no se pensaban cumplir; y la autonomía del representante se........
