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Pornografía informativa

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19.10.2026

¿En qué momento escarbar en la basura, exhibir intimidades y convertir la indignidad humana en espectáculo comenzó a confundirse con hacer periodismo?

Amplificar los supuestos hallazgos en el basurero del baño de un asesor presidencial o convertir en espectáculo las imágenes de un docente universitario aparentemente involucrado en un acto sexual con una joven dentro de un aula no son simples excesos. Son síntomas de una degradación: la información convertida en mercancía y la intimidad humana en espectáculo.

Estamos ante una suerte de pornografía informativa, un miserabilismo mediático que explota el morbo, trivializa la dignidad y confunde el interés público con la curiosidad o el morbo de las audiencias público. La obsesión por los likes, seguidores, viralidad y reproducciones parece imponerse a una pregunta: ¿qué necesita saber la sociedad y por qué?

Investigar conductas INACEPTABLES de quienes ejercen poder es indispensable. Pero cuando se abandona la búsqueda de responsabilidades institucionales, abusos y derechos vulnerados para recrearse en lo obsceno, el periodismo deja de iluminar los hechos y comienza a explotarlos. No todo escándalo es noticia. No todo lo viral merece llamarse periodismo.

Vivimos una época en la que la espectacularización amenaza con desplazar la verificación: titulares estridentes, insinuaciones presentadas como certezas y una indignación administrada para multiplicar clics. La velocidad reemplaza al contexto; el impacto, a las pruebas. Sin embargo, sería injusto confundir esa degradación con el conjunto del periodismo boliviano. Mientras........

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