El dolor de una firma
Llevo 27 años trabajando en el transporte público, soy delegada sindical en LAB y miembro del Comité de empresa. Escribo estas líneas desde la tristeza, desde la rabia contenida y desde un dolor que no se puede maquillar. Porque lo vivido entre febrero y diciembre de 2025 no ha sido solo un conflicto laboral: ha sido una herida profunda en lo colectivo y en lo humano.
La huelga hacia Moventis TCC nació fuerte, limpia, unánime. Toda la plantilla. Todos los sindicatos del Comité. Un grito común frente a un convenio obsoleto, injusto, incapaz de responder a nuestras necesidades reales. Teníamos claro que no luchábamos solo por salarios o jornadas, sino por dignidad, por condiciones de trabajo que no nos desgastaran la vida, por respeto.
El referéndum fue un acto de valentía colectiva. Nos reafirmó. Nos hizo sentir orgullosas y orgullosos de ser clase trabajadora organizada. A pesar del miedo, de la incertidumbre, dijimos sí a seguir. Sí a la lucha. Sí a la unidad.
Y entonces llegaron los meses largos. Reuniones interminables, asambleas intensas, ruedas de prensa, discusiones duras dentro del propio Comité. Momentos de choque, de ideologías enfrentadas, de tensiones reales. Pero siempre había algo que se imponía por encima de todo: la necesidad de ir juntas. Porque sabíamos que separadas no ganaríamos nada.
Muchas veces ese camino supuso tragarnos acuerdos que no nos representaban. Renunciar a posiciones propias. Asumir consensos incómodos. Pero lo hicimos porque creímos que el objetivo lo merecía. La plantilla lo merecía. Yo lo creí. Con todo.........
