La prioridad nacional es justa y necesaria, nuestro deber y nuestra salvación
La prioridad nacional es justa y necesaria, nuestro deber y nuestra salvación
Una idea que merece argumentación filosófica seria se presenta en forma de eslogan electoral, con toda la sutileza de un mitin de campaña.
El debate sobre la llamada "prioridad nacional" que han agitado los medios en las últimas semanas adolece del defecto habitual en la política convertida en show televisivo y secta ideológica. Una idea que merece argumentación filosófica seria se presenta en forma de eslogan electoral, con toda la sutileza de un mitin de campaña. Es decir, cero matiz, infinita demagogia.
La derecha española ha descubierto, con algunos años de retraso respecto a sus homólogos europeos, que hay un electorado harto de ver cómo el Estado del Bienestar —construido generación tras generación con el esfuerzo y los impuestos de ciudadanos concretos— se distribuye con criterios que no distinguen entre quien lleva décadas contribuyendo al sistema y quien acaba de llegar sin intención visible de integrarse en él. En periódicos de izquierda se han publicado columnas de los habituales socialistas de chalet y piscina, esos que llevan a sus hijos a colegios privados con todo el dolor de su corazón, en los que dicen que pedir la integración de los inmigrantes es fascista. Lo que suscita un pánico entre los escribidores acomplejados de derechas como el Bernabéu intimida a los equipos provincianos –Manchester City incluido–.
Hasta aquí, el diagnóstico. El problema es que la receta que ofrecen PP y VOX mezcla intuiciones legítimas con demagogias oportunistas, y el resultado es un guiso en el que los ingredientes buenos quedan sepultados bajo una salsa de xenofobia latente que es necesario disipar del todo.
Conviene, pues, hacer la filosofía que los políticos no hacen.
La distinción conceptual decisiva es la que Hannah Arendt trazó entre dos modelos de patriotismo radicalmente distintos. Estados Unidos no es un Estado-nación en sentido europeo, sino que es una república fundada sobre principios abstractos, una Constitución y una declaración de derechos. Para ser americano basta, en principio, con adherirse a esos principios. El patriotismo constitucional —la expresión es de Habermas, pero la idea la anticipó........
