Estos políticos y estos periodistas
Estos políticos y estos periodistas
¿Puede alguien preguntarse de una vez contra quién han votado todas esas personas que les abocan al pacto o al fracaso?
La mediocridad y la simplificación han copado el mundo de la cosa pública, una dedicación en la que antes, en términos generales, se encontraban excelencia y complejidad más allá de las ideas políticas. No es que hace treinta años todos los políticos estuvieran mejor preparados y fueran más honrados, pero el índice de inútiles y caraduras por metro cuadrado era más bajo. Hoy nos llega la peor hornada en el peor momento.
Que Gabriel Rufián se vea guapo y listo no es un problema nacional, sólo de su falta de criterio y de los mediocres a los que cautiva: periodistas acomplejados de pocas lecturas o jóvenes que, en tiempos de crisis, siempre buscan asideros grotescos, que ahora llaman "disruptivos". De un simple vistazo se adivina quién encaja mejor en un garito nocturno entornando la mirada que en un Parlamento. Leen a Martin Miller, no pasan de ahí.
Hay rufianes en todos los partidos, pero el niño creído de Esquerra es su arcángel. Ahora le ponen a dar "Un paso al frente", que suele ser el que da el voluntario —a veces forzado por alguien superior— ante sus limitaciones, justo el último antes del abismo. No termina de irse de ninguna parte hacia sitio alguno y eso le obliga a reinventarse, ya sea en un nuevo partidito político con despacho en Madrid la nuit o en La Isla de las Tentaciones. Si esta es la izquierda remozada que nos espera, mal vamos.
Otro problema distinto —este, más grave— es el auge estéril del centro derecha, o de liberales y conservadores nacionales —PNV y Junts son de derechas, pero separatistas—, como reacción al desastre nacional de este bolchevismo tardío que mastican y escupen Zapatero y Sánchez, Lenin y Stalin. Cuanto más se vota más se hunde el bloque de la izquierda y más sube el de la derecha. Pero ni por esas se abren los cielos, cosa que desespera al más paciente.
Los pactos más necesarios
Se oye mucho decir eso de que Vox y PP están "condenados a entenderse". Mal asunto. Es la misma fórmula que se ha usado siempre, salvando........
