La caterva y la ejemplaridad
Un inmigrante intentando cruzar la frontera de Ceuta, ayer. / Reduan Dris
Hay vecinos que no pueden evitar la tentación de la notoriedad en la cafetería. El dueño se acerca a una mesa y uno de los acólitos suelta con una voz como para que le escuchen en la panadería de enfrente: “Con 40 normales sobraban. No con toda esta caterva de políticos…”
Caterva. Uno tiene la tentación de decir que está casi seguro de que el gritón cometería los mismos errores si estuviera en un cargo público, pero como siempre ha pecado de cobarde, fija la vista en el móvil, se pone los auriculares y se sumerge en el otoño eterno de la música de Once (va por ti, Glen) y lo deja pasar. Una vez más.
Uno ha visto ya casi todo en la cosa pública, incluido algún personaje que desde el primer día acogía el cargo como si hubiera entrado en una fiesta de las frivolidades. Pero la inmensa mayoría es gente de bien y de naturaleza social sana. Con ganas de hacer y, por qué no, de dejar su nombre en algún sitio. Otra cosa es la consideración de normalidad que pueden llegar a dar a algunos de los privilegios por los cargos que ocupan, hasta el punto de sobrepasar los límites de lo recto (lo que el sentido común dicta) y poner luego cara de sorpresa, una vez se ha armado el escándalo.
Caterva. La palabra........
