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¡Cojonudo!

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14.12.2025

Mazón y Pérez Llorca en las Corts Valencianes / Levante-EMV

Las palabras pierden sentido con el paso del tiempo. O lo cambian. Una misma palabra, según quien la use, puede significar lo mismo o en algunas ocasiones todo lo contrario. Siempre me ha resultado difícil colocar en el sitio más exacto la palabra perdón. Sirve para un roto y un descosido. Cuando éramos críos y mandaba ese canalla que tanto gusta a las juventudes de derechas, el perdón nos lo concedía el cura en el confesionario y consistía en tirarte un rato arrodillado simplemente porque, aunque no lo explicitaras en el momento de la confesión, el acto impuro que habías cometido era haber imaginado a Rita Hayworth quitándose el guante en una película calificada como “gravemente peligrosa” por la jerarquía eclesiástica. O a Sarita Montiel cuando Alfredo Mayo le toca una teta en El último cuplé.

Ahora todo dios exige al otro que pida perdón, como si eso, pedir perdón, fuera sencillamente susurrar por lo bajini: «me arrepiento padre de haber tenido pensamientos impuros…». Desde los primeros duelos de la maldita dana supimos que Mazón no iba a pedir perdón ni nada que se le pareciera. No iba a pedir nada. Con haberle dicho a su colega, cómplice y jefe de gabinete, José Manuel Cuenca, que le dijera a........

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