El timeline y el mundo
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Uno de los recursos más habituales en la discusión política consiste en afirmar que nosotros defendemos ideales y nuestros adversarios solamente intereses. No suele ser verdad: todo aquel que se haya detenido a pensar un poco en sus propias ideas se habrá dado cuenta de que, en la mayoría de casos, estas están muy vinculadas a sus intereses. Esto no es grave: la democracia es un combate entre visiones del bien, pero también una manera ordenada de transaccionar entre intereses contrapuestos. No es casual -ni cínico- que un sindicalista tienda a tener ideas que benefician a los sindicatos; que un empresario suela tener ideas que beneficien a las empresas o que un periodista esté particularmente implicado en la lucha por la libertad de prensa. Por supuesto, todo puede degenerar, y podríamos hacer una larga lista de personas e instituciones para las que las ideas son solamente un peaje que pagan para embellecer sus feas ambiciones. Y por supuesto hay personas -quizá todas, en momentos especialmente generosos- que renuncian a su interés porque se dan cuenta de que es injusto. Pero por lo general, sin embargo, la cosa está clara: los jubilados defienden las pensiones y los duques la nobleza. Sería de esperar, sin embargo, que todo adulto que se pone a........
