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Gerda Gruber: ser semilla, pese a todo

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05.01.2026

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Partamos de la certeza de que nuestro cuerpo existe en conversación con los ecosistemas que nos sostienen y que no hay mundo sin el reconocimiento de otros seres. La manera en que nos relacionamos con la naturaleza impacta directamente en la forma en que estamos construyendo la historia de la humanidad y sus futuros posibles. ¿Qué historias queremos escribir? ¿De qué sucesos queremos ser testigos activos? Al trabajo de Gerda Gruber (Bratislava, 1940) lo acompaña la noción del tiempo y las relaciones interespecie a un nivel sutil, el más cercano a la naturaleza, y es en este espacio donde comienza el diálogo con su obra, que es también su mundo y un escenario posible por habitar.

Hay una cuestión profundamente esencial en el trabajo de esta escultora que nos permite forjar una aproximación casi inmediata con sus obras, como si se tratara del encuentro con un conocimiento ancestral que habita en nosotros: la potencia de las semillas, los nidos, el refugio. En correspondencia con estos motivos, la experiencia que envuelve la exposición Entre verde y agua, que actualmente se presenta en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, nos invita a atravesar un espacio cuidadosamente acondicionado para recibir las piezas de la artista: tanto los muros como el piso de las salas se han convertido en un contenedor de tonos grises que escapan de la sensación a veces frívola del cubo blanco de los museos. Aquí la temperatura es otra, aquí el ritmo pausado de los procesos de transformación en la naturaleza se extiende desde las obras hasta nuestros cuerpos, empezando por la sensación de nuestros pasos que cruzan la sala con una ligera elevación –han colocado un piso nuevo que se levanta sutilmente en algunos puntos–. Hay un brevísimo poema de Juan Acha en el que he pensado ahora que recreo en mi memoria esa sensación: “Los pájaros no pesan / no pisan / solo pasan.” Así se siente entrar en estas........

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