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Los fantasmas del pasado: “Mi optimismo europeo es voluntarista”

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29.12.2025

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Hace unos meses escribía en esta misma revista que tenía ganas de coger un avión para plantarme en París y conocer a Jorge Semprún. Y como si la fortuna conociera mis deseos, en lugar de tener que ir a París, ha sido él quien ha venido a Madrid para presentar el libro de Javier Solana Reivindicación de la política (Debate, 2010).

Es 29 de septiembre, y hay convocada una huelga general. Gracias a esa circunstancia, podemos charlar en su hotel.

“Ayer me decía Javier Solana: ‘siempre que tienes que venir a Madrid por algo relacionado conmigo, hay huelga general’”, me cuenta Jorge Semprún. Y es que Javier Solana no se olvidaba de cómo más de veinte años atrás –cuando por mandato de Felipe González llamó a Jorge Semprún para que se incorporara como ministro de Cultura al gobierno– a su llegada, el 14 de diciembre de 1988, también hubo una huelga general.

Su actividad en el gabinete la contó en un libro, Federico Sánchez se despide de ustedes (Tusquets, 1993), que desmenuza mejor que cualquier otro escrito en tiempos de la democracia la actividad de un gobierno, y que al dedicar mi ejemplar llamara “relato sincero de una experiencia vital”.

                                                           •

Esta mañana, cuando he repasado el discurso que leyó en el campo de concentración de Buchenwald, en conmemoración de los 65 años de su liberación, además de emocionarme, he sentido cierta preocupación porque dice que no va a tener fuerzas para escribir la novela de los dos soldados americanos que le liberaron, Egon W. Fleck y Edward A. Tenenbaum.

Hay toda una generación de judíos alemanes que llegaron a Estados Unidos, que se asimilaron y que lucharon en la guerra. Y hay historias preciosas. La novela de la Guerra Mundial es una historia interminable, y será difícil que me meta con la novela de Fleck y de Tenenbaum; pero no por falta de fuerzas, sino porque hay por delante unos cuantos proyectos. Vi una exposición en París sobre Mario Vargas Llosa [La liberté et la vie, en la Maison de l’Amérique latine, comisariada por Alonso Cueto], y me llamó la atención que, hace ya muchos años, él hacía, desde muy joven, unos “planes quinquenales” de trabajo y anotaba en unas hojas su programa de escritura. Yo también he sido mucho de hacer “planes quinquenales”… aunque realizo una parte ínfima. Cuando estoy en España me entran ganas de acabar los proyectos que están relacionados con España, y cuando estoy en París me cambian las prioridades.

  

Creo que una de esas novelas es sobre el Madrid de la posguerra.

Es una novela que tengo entre manos y que esta dolencia [se va a operar la espalda por unas molestias] me la ha retrasado bastante porque no he podido trabajar este verano. La novela cuenta un día en Madrid. Es un recadero quien recorre por motivos profesionales, durante un día de 1964, la ciudad de Madrid en su isocarro. Es el día del partido de futbol España-Rusia, con el famoso gol de Marcelino que hace que España gane 2-1. Ese partido es el trasfondo. Ese día es el primero que se vieron, en la España de Franco, banderas rojas con la hoz y el martillo, que era la bandera oficial soviética. En la Copa de Europa anterior Franco se había negado a que España jugara contra Rusia, pero en esta edición aceptó y ganó la final. Franco venía de no sé qué viaje oficial por el norte y asistió a la victoria en el Bernabéu. Tampoco es casualidad que ese año, el 64, fuera el de la expulsión del Partido Comunista de Fernando Claudín y “Federico Sánchez” [como luego me dirá, no le cuesta nada mirar los acontecimientos de su propia vida como si hubiesen sido vividos por otro]. Ese recadero recorre Madrid como el diablo cojuelo… No me resulta fácil escribirla, porque estoy cansado.

  

¿Y la escribirás en castellano?

Sí, en español. Las novelas de España siempre tengo que escribirlas en español.

  

¿Y tiene título?

Sí. El periódico Pueblo publicó un editorial al día siguiente del partido contando la victoria de España y la presencia del Generalísimo –dándole casi un matiz político– titulado “La tarde salió redonda”, y así se llama la novela. Hay muchos personajes. El recadero que va con un isocarro es un viejo comunista que está fuera de todo, pero que aprovecha sus recados para llevar de vez en cuando un paquete de propaganda.

¿Y qué libro ocupa ahora el primer lugar en su “plan quinquenal”?

La novela que estoy escribiendo ahora, que posiblemente termine primero, que está escrita en francés. También trata de España. Tiene como escenario el sur de Francia, el País Vasco (la zona de Biarritz, de Bayona, de San Juan de Luz), y el tema es la reunión que hacen cada año un grupo de antiguos militantes del Partido Comunista Francés, aunque ya ninguno milita, que han trabajado con el aparato de pasos de frontera del Partido Comunista de España. Estos militantes ponían sus coches a disposición del partido para pasar a los clandestinos, o pasar tal y cual, y arriesgaban mucho, porque nunca era seguro que no fuera a pasar nada durante el viaje, que no les detuvieran en la frontera. Es la historia de un grupo de estos que se reúnen con los españoles que trabajaban con ellos. Es algo nostálgica y se reconstruyen, un poco, los primeros........

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