Bastante paraíso XXI. Sardinas y bizcochos (y una idea para una identidad secreta)
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Mi día favorito de la semana solía ser los lunes: era el día en que mi hija pequeña y yo nos quedábamos solas por la tarde y ella me pedía para cenar una lata de sardinas. ¡Mi cena favorita!, le decía yo, no como comensal sino como cocinera. Ella en cambio, odiaba ese día: se quedaba sola conmigo y yo no le presto atención, solo lees o trabajas y me aburro, lloraba a voz en grito. Así que si escuchaba la puerta de la vecina, abría la nuestra y la llamaba y le preguntaba si iban a dar un paseo con los perros, cosa que la vecina siempre estaba dispuesta a hacer y más con mi hija pequeña. Los perros de mi vecina son grandes, pero mi hija los maneja con destreza y autoridad, y ningún miedo, todo sea dicho. A veces, nos subíamos juntas a tender. Cuando no escuchaba la puerta de la vecina, repetía que se aburría y me preguntaba a qué podía jugar. A veces se enfadaba, a veces me pedía que le hiciera un cuaderno como esos que........
