Doce años sabiendo cómo frenarlo y el rabo de gato sigue apareciendo en Lanzarote
Lanzarote no ha llegado al escenario de otras islas donde el rabo de gato ocupa grandes extensiones y su erradicación resulta mucho más difícil, pero tampoco puede decirse que el problema haya sido resuelto. La situación actual es de alerta temprana y RedEXOS sostiene que el trabajo continuado ha permitido reducir considerablemente su presencia. Sin embargo, detrás de esa relativa buena noticia existe una historia administrativa que comienza al menos en 2014 y que plantea una pregunta incómoda: si Lanzarote sabía desde entonces que el rabo de gato podía ser erradicado, conocía las principales vías de expansión y disponía de protocolos para combatirlo, ¿por qué doce años después la planta continúa apareciendo precisamente en carreteras, terrenos alterados, zonas agrícolas abandonadas y lugares donde se acumulan residuos y escombros?
La oportunidad que Lanzarote tuvo y que los documentos dejaron escrita
La historia no empieza en 2026. Tampoco en 2017. Comienza, como mínimo, en 2014, cuando el Gobierno de Canarias aprobó unas directrices específicas para el manejo, control y eliminación del rabogato. Aquel documento calificaba al Pennisetum setaceum como una de las especies exóticas invasoras más dañinas del Archipiélago y describía con precisión sus principales vías de expansión: carreteras, terrenos degradados, acúmulos de tierras y zonas alteradas. Pero contenía además una consideración decisiva para Lanzarote: la prevención, la alerta temprana y la rápida actuación todavía podían permitir la erradicación de la especie en la isla. Canarias distinguía entonces entre Lanzarote, Fuerteventura, La Gomera y El Hierro, donde el control todavía era abordable, y Tenerife, Gran Canaria y La Palma, donde el objetivo principal debía ser frenar la expansión.
Es decir, Lanzarote no estaba ante un problema inevitable. Tenía una ventana de oportunidad reconocida oficialmente y tenía también identificados los lugares por los que la planta podía avanzar. Ese dato convierte los años posteriores en algo más que una sucesión de campañas ambientales. Permite preguntarse cuánto se aprovechó aquella oportunidad y, sobre todo, qué ocurrió con las medidas de prevención que debían impedir que el problema creciera.
2017: el diagnóstico ya era alarmante
Tres años después, el Cabildo de Lanzarote puso en marcha una campaña específica de erradicación entre junio y septiembre de 2017 y contrató una asistencia técnica para conocer la distribución de la flora invasora en Lanzarote y La Graciosa. Los técnicos recorrieron la totalidad de las carreteras y los núcleos de población de la isla y geolocalizaron las poblaciones detectadas.
El resultado fue mucho más serio que una simple presencia puntual. El estudio de 2017 detectó 59 especies de flora invasora, agrupadas en 47 taxones. De ellas, 32 especies, agrupadas en 20 taxones, estaban extendidas por el territorio insular. El rabogato ocupaba el primer puesto del denominado TOP-20 Lanzarote 2017 por su capacidad de dispersión y colonización de espacios agrícolas y terrenos volcánicos recientes.
El informe advertía además de que varias especies invasoras ya estaban alcanzando espacios especialmente sensibles y establecía que las poblaciones presentes en los espacios naturales protegidos debían considerarse puntos prioritarios de intervención. El dato resulta especialmente relevante porque aquel documento no se limitó a describir el problema, sino que identificó mecanismos concretos que podían estar agravándolo.
La carretera: cuando limpiar podía favorecer la invasión
El informe de 2017 contiene una de las conclusiones más incómodas de toda esta historia. Los técnicos constataron que determinados........
