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40 años de Asturias integrándose en la Europa de nuestros días

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07.01.2026

Mientras tragábamos —como podíamos— la última uva de la Nochevieja, se cumplían cuarenta inviernos de la entrada de los países ibéricos en las Comunidades Europeas. Cuarenta inviernos que tuvieron cuarenta primaveras, y que sirvieron para ubicarnos definitivamente, pese a ciertas zozobras, en un escenario normalizado de bienestar y democracia.

El devenir de los acontecimientos es caprichoso, pero tiene mucho de voluntad y de constancia, incorpora esfuerzo e imaginación, conocimiento, talante y tantos ingredientes que sería imposible detallarlos. Podemos, sin embargo, apuntar algunas cuestiones: cuando el Movimiento Europeo reclamó libertades para España, en 1962, el franquismo se rasgó las vestiduras, denostando el que llamó peyorativamente «Contubernio de Munich». Pero esa fusión de la mayoría de las voluntades no resultó estéril; hubo quienes trabajaron desde fuera, Madariaga y Gil Robles, entre otros, y desde dentro, Castiella sin mucho acompañante, para despejar el camino que habría de permitirnos saltar los Pirineos.

Tras la apertura de la paupérrima economía española al exterior (en 1960 había más del doble de carros de tiro animal que de vehículos motorizados de todo tipo), el desarrollismo de los años sesenta encontró en el Acuerdo Comercial Preferencial de 1970 un respaldo impagable. Podíamos exportar fácilmente a Francia, por ejemplo, sin que tal ventaja supusiese un coste para nosotros, los «europeos» habían entendido que un régimen moribundo podía ser explosivo, y había que aplicar el mayor esfuerzo para que la Península Ibérica no quedase desgajada del continente al que pertenece.

La muerte del dictador, la búsqueda de una salida de emergencia y los cambios producidos -con el logro de las condiciones democráticas mínimas de las que se hablaba en el año 1962- nos pusieron en situación de ser candidatos a la adhesión a las Comunidades Europeas (CECA, CEE, EURATOM), y se iniciaron las negociaciones.

El paso decisivo

Puede resultar extraño … o no, sigue habiendo muchos que hablan de la «Europa de los mercaderes», a quienes más de una vez he preguntado -infructuosamente- por quién se cambiarían en el mundo real. Pero hubo sus dudas, muchas críticas y poco entendimiento allá por 1985 y 1986. Tuve la enorme oportunidad de atender a lo que decían diversos representantes y asesores españoles que jugaron un papel destacado durante el acercamiento. Así, pude saber cómo uno pensaba que hubiera sido mejor aceptar la propuesta inicial de Bruselas, sin mover una coma, porque no se habían logrado pasos importantes y, por el contrario, habíamos descubierto a los socios todas nuestras debilidades. Otro recurría a las comparaciones para subrayar la importancia de nuestra adhesión: «a nadie le interesa tener un familiar en la UVI, por lo que pertenecer a la familia europea es ya una garantía de por sí». No faltaba la nota graciosa, quien proclamaba que la integración podría suponer que, en unos años, resultaría dificilísimo cenar tarde o tomarse una copa en España, como ya sucedía en los taciturnos estados del Norte. Algo de eso ha pasado, pero también más gentes septentrionales vinieron como jubilados o turistas a participar de un modo de vida con horarios holgados.

Se produjo un debate falso, que podría resumirse en que había quienes planteaban que hubiera sido bueno seguir como hasta finales de1985, sin incorporarse a «la Comunidad Económica Europea» (más CECA y EURATOM). Pero esto era una quimera, nos habíamos estado beneficiando de un acuerdo excepcional, el ya citado de 1970, que había sido prorrogado por la condición que el estado español tenía de ser candidato a la adhesión a las CC. EE. La no entrada en las mismas debería haber dado lugar a una redefinición total del marco de relaciones, perdiendo las condiciones magníficas que se nos habían otorgado, en un contexto bien distinto del existente diez años después de la muerte de Franco.

Finalmente, entramos en las Comunidades Europeas, vivimos todos los avances y los avatares, desde crisis monetarias a la constitución de........

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