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Mercenarios colombianos: el problema que el Estado ignoró 

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08.01.2026

Jaime recibió una oferta difícil de rechazar. Estaba aburrido en el Ejército colombiano y le ofrecieron no solo una oportunidad de irse, sino de ganar cinco veces más por ser soldado en Emiratos Árabes, un país sin conflicto armado interno, y en una de las ciudades más lujosas del mundo: Dubái. La oferta se la hizo un coronel retirado, así que confió en su superior, firmó y se fue ilusionando pensando en un futuro para su familia. 

Al llegar a Emiratos Árabes Jaime se chocó con la realidad. Dice que le quitaron el celular, memorias USB y su pasaporte. Desde el primer día sintió que vivía en condiciones que consideraba indignas y con el miedo de que le quitaran el salario. Duró frustrado dos años sirviendo en la brigada de extranjeros de este país, hasta que los emiratíes empezaron a enviar a los colombianos a Yemen “a pelear una guerra que no es nuestra”, relata este militar retirado.

El testimonio de Jaime, cuyo nombre real omitimos por seguridad, quedó consignado en una carta que envió el 27 de abril de 2018 a la Defensoría del Pueblo y recibida en mayo de ese mismo año, según un documento al que tuvo acceso La Silla Vacía. Este relato fue conocido por funcionarios públicos y diplomáticos de los gobiernos de Santos y Duque, pero dejado en el olvido de los archivos. El Estado no solo le dio la espalda a Jaime, sino que ignoró el problema de los mercenarios colombianos hasta que explotó en los últimos años.

Lo que vivió Jaime ocurrió entre 2013 y 2015, y no ha parado de suceder. La historia de un militar colombiano que se ve tentado por los dólares y un contrato en el exterior sin tener todos los detalles, que termina tomando parte en guerras cruentas y que denuncia haber sido engañado, es una historia que se sigue repitiendo.

En los últimos cuatro años, miles de exmilitares colombianos han terminado entrenando niños soldado en la guerra civil de Sudán, matándose entre sí para ambos bandos de la guerra ruso-ucraniana, y sirviendo en las filas de los carteles narcotraficantes mexicanos. Incluso, un pequeño grupo de 26 colombianos fue contratado para asesinar al presidente de Haití, Jovenel Moïse, en julio de 2021.

De la operación de los mercenarios colombianos en el mundo no hay ningún registro oficial ni nadie que responda institucionalmente en Colombia. Sobre la cantidad solo hay cálculos a partir de los testimonios de los mercenarios involucrados y publicados por medios: Entre 1.500 y 2.000 en Sudán. Alrededor de 2.500 en la guerra de Ucrania. Más de 2.000 en Emiratos Árabes, un país que se ha vuelto clave como punto de coordinación para el mercenarismo colombiano.  

Es un problema que se le salió de las manos al gobierno colombiano y a un Ejército que tiene de lema “Patria, honor, lealtad”. Solo hasta ahora, el presidente Petro dio el primer paso y logró aprobar en el Congreso la ley que ratifica el tratado internacional que prohíbe el mercenarismo. Pero esto dista mucho de tener una hoja de ruta clara, que aún no existe según reconoce el Ministerio de Defensa. 

Pero el gobierno no la tiene fácil porque en el mercenarismo se trata de una cuestión de plata, poco honor y nada de patria. Los soldados profesionales colombianos que ganan poco más de dos millones de pesos reciben ofertas de más de 2.000 dólares, casi 10 millones de pesos. En el fondo le ofrecen a un soldado retirado ganar el sueldo de coronel por irse a luchar en otros países y a los coroneles retirados manejar un negocio que en ocasiones bordea la trata de personas. 

El testimonio de Jaime no es demasiado diferente al de José, un suboficial retirado de las fuerzas especiales del Ejército que terminó involucrado, en 2025, en la guerra civil de Sudán, peleando del lado del grupo paramilitar conocido como Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR). Se devolvió en septiembre de Sudán y habló con La Silla bajo la condición de no revelar su identidad por temor a represalias.

José estuvo durante 20 años en el Ejército y se retiró con una asignación de retiro considerable en Colombia, alrededor de cinco millones de pesos. Pero con una familia que demandaba cada vez más dinero, la oferta de ganar el doble fue irresistible. “La razón obviamente fue la remuneración económica”, dice José sobre por qué se fue.

“Me contacta un soldado que estuvo conmigo en las fuerzas especiales. Yo había escuchado del tema porque hay compañeros míos que están en unos proyectos. Él me dijo que era para Dubái y le dije que listo. Cuando a uno le dicen Dubái, pues uno se imagina la ciudad. Cuando ya llegamos a Emiratos recibimos una capacitación y nos dicen: ‘Ustedes de acá van para África’”, cuenta José. 

Como veterano de fuerzas especiales, José conocía a compañeros que se habían ido a probar suerte en Emiratos a principios de la década del 2010 en “proyectos” de seguridad. Recuerda que, en el 2012, casi todos los miembros de un batallón de comandos de las fuerzas especiales del Ejército, los soldados más entrenados y experimentados, pidieron la baja para irse a Emiratos Árabes.

Andrés Macías, uno de los cinco expertos independientes del grupo de trabajo de Naciones Unidas sobre los delitos asociados al mercenarismo, dice que los primeros antecedentes de militares colombianos como mercenarios se remontan incluso antes del caso de Emiratos Árabes.  El primer antecedente, dice, fue en las guerras de Estados Unidos en Irak y Afganistán, cuando la empresa de mercenarios estadounidense Blackwater era considerada el ejército privado más poderoso del mundo. 

Para el 2006, la revista Semana publicó una investigación en la que revelaba como varios militares retirados colombianos denunciaron haber sido engañados por la empresa ID Systems, una filial de Blackwater en Colombia, para irse como mercenarios a la guerra de Irak. Los militares dijeron en su momento que les habían ofrecido salarios de 10.000 dólares y les........

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